Por encima de la nube

Cómo alimentar el Internet de las Cosas

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La casa inteligente ya está aquí. Pronto nuestros espacios domésticos (si no lo hacen ya) medirán cómo vivimos y, más específicamente, cuánta energía requiere nuestro estilo de vida. Se usará toda esta información recopilada para adaptar las casas, reducir el consumo de energía y mejorar nuestra salud. Por el momento, la casa inteligente ya es visible en una serie de dispositivos domésticos como termostatos, luces y sistemas de seguridad, convertidos en “inteligentes” por su capacidad de conectarse a Internet y, por tanto, de enviar y recibir información que, al comunicarse con otros aparatos, forman el Internet de las Cosas o IoT (por las siglas en inglés Internet of Things).

En los próximos años veremos cómo estos dispositivos domésticos conectados cambian de escala y empiezan a adoptarse en fábricas, oficinas, espacios públicos y ciudades enteras. Asimismo, las posibilidades del IoT trascenderán las necesidades individuales para pasar a cubrir las necesidades colectivas. Para entender totalmente las aplicaciones (y consecuencias) potenciales del IoT más allá del espacio doméstico, debemos comprender primero la infraestructura que lo facilita: la “nube”.

¿Qué es exactamente la nube? Suena a un punto de transferencia de datos instantáneo, etéreo, sin fricciones, que existe en todas partes y en ninguna en específico. Pero, de hecho, esta infraestructura del universo conectado es tangible, costosa y geográficamente específica, y está constituida por millones de edificios, cables y, por supuesto, torres de servidores de aspecto inquietante. El IoT de los aparatos inteligentes domésticos, así como los teléfonos u otros dispositivos personales que transmiten información sin cables, dependen de esta infraestructura para recibir y procesar información y enviar nueva información de vuelta a nuestros dispositivos de forma inmediata.

The Iron Mountain data centre in the Netherlands process energy of Internet of Things
El centro Iron Mountain en Haarlem (Países Bajos) es el primer centro de procesamiento de datos de carbono neutral en el país. Imagen cortesía de Iron Mountain

Manejar la arquitectura de la información y, por extensión, el IoT es una empresa costosa que consume una inmensa cantidad de energía. Según algunas estimaciones, un único centro de procesamiento de datos utiliza la misma cantidad anual de electricidad que una ciudad pequeña. En la mayoría de sitios, la energía que alimenta los centros de procesamiento de datos proviene de la quema de combustibles fósiles.

Por tanto, debemos preguntarnos si el ahorro colectivo de energía de las casas inteligentes habilitadas con tecnología IoT compensa con la energía usada en los centros de procesamiento de datos necesarios para hacerlos funcionar. No hay forma de calcularlo, pero admitir que la nube aparentemente ingrávida consume mucha energía supone un buen comienzo.

Algunas iniciativas ya admiten esta contradicción y utilizan energía proveniente de métodos de producción renovables, como el centro Iron Mountain en Haarlem (Países Bajos), el primer centro de procesamiento de datos carbono neutral en el país. Otros proyectos buscan captar y reutilizar la energía sobrante de los centros de producción de datos, como la torre de procesamiento de datos AM4 en la Universidad de Ámsterdam, diseñada por Benthem Crouwel, que aprovecha la energía gastada de los servidores para proporcionar calefacción a los edificios del campus de la Universidad.

El aumento progresivo de la presencia del IoT en nuestras vidas diarias no significa necesariamente que los centros de procesamiento de datos y otras infraestructuras en la nube que lo apoyan también aumenten

Existe el riesgo de que esta desconexión entre los beneficios para el usuario y los costes para el operador perpetúen el mito de que la nube no tiene coste para los usuarios ni consecuencias para el medio ambiente. Si queremos aprovechar por completo las posibilidades que ofrecen las tecnologías IoT para nuestra salud y la de nuestro planeta, debemos considerar todos los elementos que hacen que la nube funcione, incluso los que no se ven.

Cloud infrastructure. Internet of things
Gráfico sobre la infraestructura de la nube. Imagen de UNStudio

Teniendo esto en cuenta ¿qué pasaría si hiciéramos visibles y juntáramos a una escala local la infraestructura de la nube, las últimas tecnologías en producción y almacenamiento de energía renovable y los dispositivos IoT de monitoreo y medición de la escala urbana?

Producir y almacenar energía renovable es cada vez más fácil y barato. Un número cada vez mayor de centros de producción de datos, relativamente pequeños y estratégicamente ubicados en las ciudades, dará servicio a los barrios que se están densificando, con el consiguiente aumento de dispositivos conectados a los datos.

Imaginad que uno de esos centros de producción de datos sacara la energía de una microred local y le proporcionara de vuelta energía sobrante. Imaginad que el centro de procesamiento de datos y los edificios vecinos estuvieran revestidos por una piel de paneles fotovoltaicos que captan energía solar como los que produce Solar Visuals y que la energía producida por los paneles alimentara la microred local ¿Cuál sería la última pieza del rompecabezas? Montar un sistema IoT para controlar todo el sistema. Individualmente, cada uno de estos elementos ya existe o será una realidad muy pronto. En un futuro cercano, el IoT programado localmente y controlado por la comunidad podría mantener a raya la energía que se usa para hacer funcionar todos los servicios del barrio, incluso el intercambio de datos. Volver la nube transparente –y local– podría transformar nuestras casas inteligentes en comunidades resilientes.

Solar panel by Solar Visuals
Panel solar de Solar Visuals. Imagen cortesía de Solar Visuals.