¿Son más saludables las ciudades verdes?

La clave radica en si los beneficios para la salud de los espacios verdes son accesibles para todos

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En muchas ciudades globales, las actuaciones ecologistas son ampliamente elogiadas por los cargos públicos, urbanistas e inversores por sus beneficios para la salud y el medio ambiente. De hecho, estudios recientes muestran que un parque residencial ampliamente expuesto a espacios verdes se asocia con una reducción de un 8% de la mortalidad, y que el contacto con el entorno natural resulta en un nivel de estrés más reducido y una mejor salud mental. Aunque el estudio también muestra que quienes más se benefician de estas prestaciones son los residentes más privilegiados, mientras que las comunidades con bajos ingresos sufren las consecuencias de la gentrificación y, por tanto, desplazamiento. Cuando las ciudades verdes solamente mejoran la salud de unos pocos, ¿es cierto que son realmente más saludables para la sociedad en general?

En Estados Unidos y Europa, proyectos tales como el BeltLine de Atlanta, el Rose Kennedy Greenway en Boston, el Riverbanks Project situado en Portland, el Bosco Verticale de Milán, o el Jardín de la Rambla de Sants en Barcelona tienen todos en común la renaturalización de los espacios urbanos para crear la nueva ciudad ecológica, resistente, elegante y sostenible. Este nuevo mantra del urbanismo con frecuencia ignora las ramificaciones de la igualdad  social y los resultantes efectos negativos sobre la salud mental. Nuestra propia investigación en el BCNUEJ (Laboratorio de Sostenibilidad y Justicia Urbana Ambiental de Barcelona) revela que muchas actuaciones ecológicas a gran escala con frecuencia encubren discriminación.

Green spaces have shown a positive impact on health
Vista norte del High Line neoyorkino hacia el edificio IAC, en Manhattan, Nueva York. Foto vía Wikimedia Commons

Desde el High Line neoyorkino a las Supermanzanas de Barcelona

Uno de los proyectos citados con mayor frecuencia debido a sus impactos sociales negativos ha sido el proyecto High Line en la ciudad de Nueva York. El parque elevado, visitado por cinco millones de personas al año, ha atraído a visitantes y ciudadanos blancos con mayor capacidad adquisitiva, fracasando en proporcionar beneficios saludables para los residentes de larga duración. La construcción de viviendas como los áticos-estudio de 50 millones de dólares de Zaha Hadid han contribuido a disparar el precio de la vivienda y los alquileres, provocando la expulsión de residentes vulnerables y propietarios de negocios desencadenando nuevos impactos sobre la salud tales como incremento del estrés, síntomas de depresión y ansiedad, todo vinculado al desplazamiento.

Otras ciudades americanas han optado por aprender de los errores de High Line. El futuro de la 11ª calle Bridge Park de Washington DC, por ejemplo, está siendo expresamente proyectada con el objetivo de conservar la identidad del vecindario, creando nuevos lazos sociales, promocionando la actividad física y reduciendo el aislamiento y el estrés; a la vez manteniendo o reduciendo los costes de construcción mediante un programa fiduciario. No obstante, la tendencia reinante hacia la gentrificación continúa. En Boston, una ciudad con una fuerte necesidad de adaptación al clima vinculada a la subida de los niveles del mar y la inundación, parece que la planificación de infraestructuras ecológicas priorice la recuperación medioambiental más allá de las preocupaciones de vivienda asequible, anti especulativa y beneficiosa para la salud.

Green spaces as Green Belt in Medellin aimed at curbing unchecked growth
Vista del Cinturón Verde en Medellín. Foto vía cinturonverde.files.wordpress.com

Algunas ciudades en el hemisferio sur también están experimentando efectos colaterales parecidos. En Medellín, la creación del Cinturón Verde dirigido a reducir el crecimiento descontrolado de viviendas, el embellecimiento y la construcción resiliente están dando lugar a paisajes de placer y privilegio para los nuevos visitantes que se instalan en asentamientos construidos por ellos mismos. Las nuevas promociones de alto standing con sus nuevos espacios verdes protegidos están expulsando a aquellos residentes de larga duración y bajo nivel adquisitivo cuyos huertos urbanos, esenciales para su asegurar su suministro alimentario y nutricional, están siendo desplazados o eliminados debido a su aparente riesgo y carácter inapropiado. A pesar de ser nombrada la ciudad más innovadora del mundo en el año 2013 por el Urban Land Institute, la ciudad ha sido incapaz de abordar este tipo de desigualdades aplicando el reglamento para el uso del suelo.

En Europa, Barcelona ha tardado mucho tiempo en proveer de espacios verdes de alta calidad a los residentes urbanos que viven en una ciudad densamente cimentada. Durante los años 90 y primera década del 2000, parques como el Parc Central de Poble Nou o el Parc Central de Nou Barris fueron construidos en zonas que históricamente no lo merecían, con unas intenciones claramente orientadas a beneficiar la salud psicológica y mental. Pero un estudio reciente llevado a cabo por nuestro laboratorio ha descubierto tendencias de gentrificación verde en algunos de los barrios donde aquellos parques fueron construidos, atrayendo principalmente a residentes de mayor nivel educativo. Ahora 15 años después, la ciudad de Barcelona está proyectando Supermanzanas como forma de mejorar la salud y reducir el tráfico y la contaminación ambiental, pero también está abordando la especulación inmobiliaria y protegiendo los derechos de vivienda alrededor de estas Supermanzanas y más allá.

Abordando los efectos adversos de la gentrificación verde

Los ejemplos citados aquí tienen el propósito de promover un debate de enfoque multisectorial, multiescalar y basado en el territorio junto con un esfuerzo de planificación que asegure que la salud y los beneficios medioambientales a largo plazo del ecologismo permanezcan  como una realidad universal para todos los residentes y no como una nueva fuente de privilegios verdes. Urbanistas, arquitectos y diseñadores deben dejar atrás una lógica y práctica muy extendidas de un urbanismo competitivo y especulativo que frecuentemente parece más interesado en promover la imagen de la ciudad que en atender a las necesidades de sus residentes. Entre otras iniciativas esperanzadoras están los cupos para viviendas sociales en Barcelona y el plan para reconvertir las propiedades desocupadas y reabsorbidas por los bancos en viviendas asequibles; el esquema de lotes vacantes del Land Bank de Filadelfia diseñado para “preservar y mejorar la accesibilidad”. Las ciudades necesitan una cooperación genuina entre las entidades públicas y las instituciones de diferentes profesiones y disciplinas, junto con negocios privados e inversores, para asegurar la creación de espacios urbanos saludables que sean también igualitarios y accesibles para todos.

Imagen principal: Una Supermanzana del barrio de Poble Nou, en Barcelona. Foto cortesía del Ajuntament de Barcelona

Barcelona Laboratory for Urban Environmental Justice & Sustainability (BCNUEJ)