Bo Bardi en la actualidad

Las exposiciones de arquitectura y la aproximación de culturas

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La reflexión sobre el alcance de las exposiciones de arquitectura siempre nos conduce a un impasse metalingüístico: una intervención espacial sobre el espacio es como un libro sobre el arte de escribir o una composición musical sobre armonía. Como arquitectos, se nos invita a considerar cómo podemos conducir a las personas a través de una secuencia espacial con una mayor conciencia de la presencia corporal. Al mismo tiempo, es deseable un abandono de la comprensión de ese lugar, imaginando otro espacio, el contenido de la exposición, revelado a través de dibujos, maquetas, fotografías y otros medios. En el proceso de diseño se esconde una lección y un reto para el arquitecto: ¿cómo puede la cultura de la alta arquitectura, normalmente atrapada en las voces interiores de los arquitectos o en reflexiones demasiado académicas, dirigirse a la vida cotidiana de un público universal? El sentimiento de empatía es el comienzo de aquello que atrae el interés hacia el contenido arquitectónico expuesto. El deseo de habitar un espacio imaginado es el núcleo de la experiencia.

Vivimos tiempos de excesos, en los que la capacidad para asimilar contenidos disminuye por momentos. Los niños y los adultos pasan el tiempo en bucles de constante sustitución de contenidos. Nuestros teléfonos, ordenadores, aplicaciones, mensajes y otros muchos hábitos digitales suelen disminuir nuestra capacidad de concentración, de escucha o simplemente de estar presentes. El espacio puede entenderse como un antídoto a esta ausencia. La pandemia ha incrementado el valor de la presencia. En qué medida nos aferramos a estas lecciones, de qué forma transformamos nuestros modos de ser comunitarios y cómo defendemos, de cara al futuro, el valor de esa presencia, forma parte de un reto cultural al que las exposiciones de arquitectura deben responder.

Las exposiciones de arquitectura intentan hacer legible lo que el arquitecto representa en silencio, simplemente construyendo. El resultado de la imaginación arquitectónica es el retrato de un objeto: el espacio fotografiado tras ser habitado. La legibilidad de la intención del diseño para un público universal no es tarea fácil. En ese sentido, se espera que el ambiente de la exposición pueda recrear parte del aura del trabajo arquitectónico expuesto. La continuidad o el recogimiento son dos estrategias de diseño opuestas que es posible adoptar. En el contexto de las exposiciones, la primera puede ser entendida como imitación: adoptar simplemente las referencias materiales empleadas por la arquitectura expuesta. O como método: una extracción abstracta del pensamiento arquitectónico en cuestión. El recogimiento se refiere a la creación de un fondo neutral, incluso de contraste, frente al que destaca el contenido de la exposición. Esto implica un enfoque menos estricto, donde el diseñador silencia la intervención espacial para aumentar la conexión con su contenido.

Niños en la exposición sobre Lina Bo Bardi.
Entrada a la exposición. Foto © Marina Correia

La exposición Lina Bo Bardi 100: el camino alternativo de Brasil al modernismo en la Pinakothek der Moderne y organizada por el Museo de Arquitectura de TU München puede ilustrar esta búsqueda. Ha sido la mayor exposición de dibujos originales de la arquitecta hasta la fecha y fue inaugurada en 2014 para conmemorar el centenario de su nacimiento. La narrativa concebida por la comisaria Vera Simone Bader y el director Andres Lepik fue cronológica. El diseño de la exposición se abordó como un reto de traducción cultural, con la intención de aproximar el universo de Lina Bo Bardi, las historias entre Italia y el norte y sur de Brasil, al público local de la Pinakothek de Múnich.

Para el diseño de la exposición se utilizó tecnología de impresión local de alta gama y materiales de construcción crudos y sencillos como contraste. El contenido fotográfico y el enfoque curatorial se plasmaron en paredes de papel suspendidas. Las paredes gruesas, largas y bajas de hormigón ligero sirvieron para exponer los dibujos originales de la arquitecta, así como fotografías, vídeos y textos.

Un grupo de cinco estudiantes de arte, Elisabeth Bauer, Andreas Gallasch, Christin Kummerer y Kathrin Marx, dirigidos por la artista Juliane Kownatzki, redactaron a mano el texto curatorial sobre papel y piedra. Los errores se marcaron con una línea cruzada horizontal, desafiando la pulcritud que caracteriza a la mayoría de exposiciones realizadas hasta ahora en ese espacio. La experiencia transformó el montaje de la exposición en un estudio de arte.

El diseño de la exposición también se relacionó con el sonido a través del trabajo del artista de sonido brasileño Edson Secco. Edson grabó los sonidos de SESC Pompéia y creó ambientes sonoros para algunos momentos de la exposición, como la entrada a la misma, donde podía escucharse a Lina Bo Bardi hablando portugués con un fuerte acento italiano. También se propuso una instalación de sonido a lo largo de un pasaje que marcaba la transición de la arquitecta desde São Paulo a Bahía. El pasaje era un túnel de papel vacío para despejar la percepción visual. Los sonidos de la ciudad de São Paulo iban disminuyendo hasta convertirse en sonidos de la naturaleza y ritmos afrobrasileños, donde se presentaban los proyectos en Salvador.

Inmersos en una instalación sonora en la exposición sobre Lina Bo Bardi.
Sala de vídeo y audio SESC Pompéia. Foto © Marina Correia

La experiencia final de la exposición era SESC Pompéia. La instalación sonora se colocó a la altura del oído de un visitante en posición horizontal. En el techo se proyectó un fotograma de su espacio principal de congregación. Una maqueta, dibujos, fotografías y objetos del SESC Pompéia convivían con la instalación en ese mismo espacio, que marcaba el final de la exposición. La viveza del espacio, influenciada por una sensación de informalidad y las suaves superficies horizontales, lograron acercar a los visitantes al espacio arquitectónico retratado.

Utilizando estrategias de diseño materiales e inmateriales, la exposición Lina Bo Bardi 100 pretendió crear una sensación de empatía entre el trabajo de la arquitecta y los diferentes públicos de la Pinakothek. En este sentido, la empatía puede darse en dos momentos: cuando el diseñador de la exposición queda maravillado ante la arquitectura expuesta y cuando el visitante se siente atraído por el contenido como participante.

 

Imagen principal: Sala principal, «Lina Bo Bardi 100: el camino alternativo de Brasil hacia el modernismo», Marina Correia diseñadora de la exposición, Pinakothek der Moderne, Múnich. Foto © Marina Correia

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