Recuperar el control tiene sentido

Cómo utilizar la tecnología de precisión para una sociedad más sana

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Gracias a la medicina de precisión, a la nutrición personalizada y al internet de las cosas (IdC), los sensores son una tecnología cada vez más presente en nuestras vidas cotidianas. Desde el fitness y los localizadores GPS en teléfonos móviles, o micrófonos y cámaras en televisores inteligentes, hasta asistentes virtuales como Alexa de Amazon o Portal de Facebook, cada vez son más los dispositivos que invaden nuestras vidas privadas. Inodoros inteligentes, cepillos de dientes conectados, espejos interactivos y otros objetos conectados digitalmente están creando espacios de precisión para el yo fisiológica y biológicamente cuantificado. Pero, ¿son las casas y las oficinas inteligentes realmente más inteligentes? ¿Estamos perdiendo privacidad, integridad e incluso humanidad en este proceso? ¿Es posible beneficiarse de la tecnología de precisión sin tener que sufrir los efectos secundarios negativos?

 De la vigilancia carcelaria a los hogares domóticos

Aunque todo este mundo de sensores digitales pueda parecer algo nuevo, en realidad, el arquitecto británico Jeremy Bentham ya lo vaticinó hace 250 años. Su idea fue el Panóptico, una cárcel cuyo diseño permitía al guardián vigilar a los prisioneros desde cualquier punto, gracias a un estudiado juego de espejos, ventanas y la distribución de la cárcel en sí. Lejos de la realidad distópica de un episodio de Black Mirror, Bentham imaginó el efecto positivo que este sistema podría tener en la sociedad. Y es que los prisioneros, al ser conscientes de que alguien podía estar vigilándolos en cualquier momento, siempre optaban por demostrar un buen comportamiento y, al final de su sentencia, salían de la cárcel habiendo aprendido a ser mejores seres humanos. Según Bentham, el sistema podía también funcionar para los trabajadores en las fábricas, los estudiantes en las escuelas y, por supuesto, en los espacios públicos y en las casas privadas; de esta manera, la gente trataría de mejorar su comportamiento ante esos omnipresentes ojos vigilantes. La ventaja de una vigilancia constante sería, en última instancia, un mundo más ético, más feliz y más próspero.

Tal como proclamaba Bentham, este sistema “Reforma la moral, mantiene la salud, fomenta la industria, difunde la educación, reduce la responsabilidad pública y la economía despunta… ¡todo gracias a una idea muy simple de la Arquitectura!”

Digital technology is undoubtedly going to shape our future
Vista de un panóptico en el interior de uno de los edificios carcelarios de la prisión Presidio Modelo, en Isla de la Juventud, Cuba. Foto: Wikimedia Commons

Hoy en día, el sueño de Bentham es indudablemente Orwelliano; aun así, se está aplicando a una escala más amplia gracias a las cámaras y a la inteligencia artificial (IA). En las aulas, hay cámaras inteligentes que monitorizan el nivel de atención de los niños; en las tiendas, identifican a cleptómanos y a clientes preferentes; y en las casas, alertan a los propietarios cuando alguien entra a robar o avisan al servicio de asistencia cuando los ancianos necesitan ayuda. Esta tecnología, tan poderosa como ubicua, será determinante en el futuro, pero queda por ver si será para bien o para mal.

Tecnología inteligente para construir comunidad

¿Cómo podemos beneficiarnos de la tecnología inteligente sin convertirnos en prisioneros de nuestros propios hogares? Para dar respuesta a esta pregunta, diseñadores, arquitectos e informáticos deben colaborar de manera interdisciplinar con el objetivo de explorar nuevos dominios en la relación entre personas, espacios y máquinas. Aunque resulta un desafío intimidante, ya se han empezado a experimentar con nuevos tipos de colaboraciones en este sentido. Aquí van algunos ejemplos.

En Nueva York, el espacio comunitario de coworking y de vivienda compartida, The Assemblage, combina geometría, color, mobiliario, interiorismo y sonido para incorporar el bienestar físico, emocional e incluso espiritual en el entorno construido. Pero al mismo tiempo, incorpora la tecnología y aboga por “convertirse en un motor de innovación tecnológica, fomentar un cambio de paradigma social y un mundo más justo para las generaciones venideras”.

In the future school of design, the mission should be to create digital technology that allow us to be the ones watching over the machines
The Assemblage, en Nueva York. Photo © Mikiko Kikuyama

En Casa Jasmina, un espacio experimental que combina un laboratorio tecnológico, una galería de arte y un bed & breakfast en la ciudad italiana de Turín, tanto individuos como empresas acuden a vivir y trabajar juntos para crear proyectos que exploren la intersección del IdC con la ética, o la confluencia entre el código abierto y la confianza.

En Copenhague, el diseñador Bjorn Karmann ha desarrollado Alias, un “parásito” que se aloja en los altavoces de los hogares domóticos para proteger la privacidad. Si vas a esta ciudad, vale la pena visitar Space 10, el “laboratorio secreto de innovación” de IKEA. En Suecia los dos dispositivos NEAT-Lamp y Talking Tree, creados por Fatemeh Moradi y Mikael Wiberg de la Universidad de Umeå, exploran la movilidad física y las conexiones sociales en los puestos de trabajo.

En San Francisco, el certamen Maker Faire del 17 al 19 de mayo y el encuentro Embedded Vision Summit del 20 de mayo acogen las últimas innovaciones en materia de sensores de espacio por parte de home hackers y expertos en IA, respectivamente. En Pier 9 de Autodesk se puede ver cómo la empresa de software y de construcción y gestión de la información más grande del mundo está creando diseños autogenerativos biomórficos. Finalmente, The Interval es un museo-café-biblioteca-bar que recoge una asombrosa cantidad de conocimiento por parte de los filósofos y pensadores más destacados de todos los tiempos.

El futuro de los espacios de precisión

De la misma manera que el movimiento de la Bauhaus y el brutalismo surgieron para adoptar y seguir los avances tecnológicos de su tiempo, ahora sería buen momento para abrir una escuela de diseño de espacios de precisión. Dentro de unos años, los actuales asistentes de voz virtuales habrán evolucionado hacia máquinas más autónomas y móviles, que no solo se encargarán de poner música o controlar las luces por nosotros, sino que también ordenarán los muebles y distribuirán las particiones de las casas. Controlarán nuestros hábitos alimenticios y nuestras finanzas, y tomarán decisiones por nosotros. En este punto, no podremos permitirnos seguir con los problemas de privacidad y seguridad a los cuales nos enfrentamos hoy. En vez de tener máquinas que nos vigilan, necesitamos diseñar espacios y sistemas donde nosotros sepamos en todo momento qué están haciendo, pensando y comunicando nuestros dispositivos. En esta escuela de diseño futura, el objetivo es crear un panóptico en el que seamos nosotros los que vigilemos a las máquinas.

Cecilia MoSze Tham es co-autora de este artículo. Junto con Mark Bünger, escribe sobre el futuro de la tecnología, el diseño y la humanidad.

Imagen principal: Foto de Matthew Henry para Unsplash