Cruise Control

Cómo el turismo de cruceros desenfrenado está causando un daño incalculable al medio ambiente

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Los barcos se alinean como ciudades flotantes en los muelles del puerto de Barcelona, con inmensas chimeneas de las que surgen penachos de humo blanco. El pasado año, más de 3 millones de pasajeros descendieron por las pasarelas en Barcelona, convirtiendo a esta ciudad en el principal destino de cruceros en Europa. Globalmente, el sector transportó a más de 26 millones de pasajeros el año pasado, generando un volumen aproximado de negocio de 117.000 millones de dólares.

El problema es que el turismo de cruceros tiene un altísimo coste medioambiental. Cada vez que un pasajero pisa la cubierta de un crucero, su huella medioambiental se triplica. Otro tema de actualidad son los vertidos ilegales. En junio, la compañía Carnival Cruise Lines, la principal línea de cruceros del mundo, llegó a un acuerdo con la fiscalía estadounidense por el cual se compromete a pagar 20 millones de dólares, tras ser acusada de encubrir el vertido de aguas grises y plásticos al mar, falsificar los registros y manipular las inspecciones.

No es la primera vez que este operador de líneas de cruceros con sede en Miami, que opera nueve líneas y 105 buques en todo el mundo, ha sido obligado a pagar una multa multimillonaria. Carnival reconoció en diversos documentos judiciales que violó los términos de la libertad condicional impuesta en una condena penal de 2016 por verter residuos oleosos desde los buques de la línea Princess Cruise Lines y encubrir este hecho. Carnival fue condenada a pagar una multa de 40 millones de dólares y fue puesta en libertad condicional por un periodo de cinco años. En los documentos, Princess «admite que cometió las infracciones» detalladas ese mismo año por la fiscalía. Estas incluyen el vertido de aguas grises en lugares prohibidos como las Bahamas y el vertido de plásticos junto con residuos alimenticios, lo cual supone un enorme riesgo para la vida marina.

Islas Vírgenes EE.UU. Imagen: Unsplash

Su récord en vertidos de plásticos y otro tipo de residuos al mar solo es comparable con su extraordinaria habilidad para contaminar la atmósfera. De acuerdo con un estudio realizado por la Federación Europea de Transporte y Medio Ambiente, que incluye a 203 buques que navegaban por aguas europeas en 2017, Carnival emitió casi diez veces más dióxido de azufre (SO2) en las costas europeas que la totalidad de los 260 millones de coches europeos.

Pero Carnival no es el único protagonista en lo que a contaminación se refiere. El estudio de la Federación Europea de Transporte y Medio Ambiente reveló que Royal Caribbean Cruises, el segundo operador mundial de líneas de cruceros, contamina cuatro veces más que los coches europeos. Por si no lo sabían, el dióxido de azufre es un elemento presente en la lluvia ácida y causante de enfermedades pulmonares.

«Las ciudades están prohibiendo, con razón, los vehículos diésel pero están dando carta blanca a las compañías de cruceros que emiten gases tóxicos, causando un daño incalculable a los pasajeros y a los residentes en las costas», comenta Faig Abbasov, director de políticas de transporte marítimo de la Federación Europea de Transporte y Medio Ambiente. «Esto es inaceptable».

La contaminación de la atmósfera no es ilegal, solo es desagradable e insalubre. En total, las compañías de cruceros emiten más de 60 kilotones de dióxido sulfúrico. El año pasado el organismo de control NABU inspeccionó 77 buques y encontró que, a excepción de uno, todos utilizaban fuelóleo pesado tóxico, considerado el «más contaminante de todos los combustibles». Esta inspección tuvo lugar un año después de que este mismo organismo denunciara a las líneas de cruceros alemanas por no cumplir sus propias normas de seguridad de calidad del aire. La información compilada revelaba que la calidad del aire respirado por los pasajeros situados en la cubierta de un crucero es similar a la de las ciudades más contaminadas del mundo.

«En los últimos años hemos asistido a un aumento masivo del turismo de cruceros y Barcelona es una de las ciudades más afectadas de Europa», señala Daniel Rieger, Director de Políticas de Transporte de NABU. «El principal problema es que utilizan el fuelóleo pesado como combustible, que puede considerarse el residuo de la refinería, el fondo del barril. Una vez obtenido el keroseno y el diésel, lo que queda es principalmente porquería. Y eso es lo que utilizan los barcos de cruceros».

Lo que contribuye a empeorar las cosas es que, a diferencia de los buques de contenedores, los grandes barcos de cruceros suelen mantener los motores encendidos mientras están atracados para poder generar la electricidad necesaria para el aire acondicionado, la refrigeración y otras actividades. Esto contribuye a la contaminación del aire de los puertos urbanos y de las áreas circundantes.

Si los cruceros son tan contaminantes, ¿por qué permiten las ciudades que estos buques atraquen en sus puertos? La clave en este caso es el dinero. Para las líneas de cruceros, la utilización de fuelóleo pesado es la opción más económica. Las ciudades que acogen a estos barcos están dispuestas a soportar la contaminación que ocasionan a cambio de los millones de euros generados por el turismo.

Sin embargo, cada vez un mayor número de ciudades es consciente de los efectos negativos de estas actividades y está tomando cartas en el asunto. En julio, la alcaldesa de Barcelona Ada Colau se comprometió a tomar medidas enérgicas contra el tráfico de cruceros en el puerto de Barcelona. A pesar de carecer de la autoridad necesaria para limitar el número de cruceros, existe la esperanza de que pueda persuadir al gobierno central para que restrinja el tráfico de estos buques.

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Turistas en la cubierta de un crucero. @Unsplash

Por otra parte, el debate sobre la limitación del número de cruceros que arriban a la ciudad de Venecia, en Italia, está de nuevo de candente actualidad después de que uno de estos colosos se estrellara contra uno de los muelles y embistiera a un barco turístico en uno de los congestionados canales de la ciudad.

A largo plazo, la contaminación causada por los cruceros solo podrá ser eliminada si existen férreos controles regionales y se aplica la normativa sobre emisiones a la atmósfera y vertidos. Los países costeros del norte de Europa han acordado designar al Mar del Norte, el Mar Báltico y el Canal de la Mancha como zonas de control de emisiones de azufre y nitrógeno, lo que implica que las líneas de cruceros deben utilizar combustibles marinos de bajo contenido en azufre en lugar de fuelóleo pesado. Algunas ONG están ejerciendo presión para que esta normativa también sea de aplicación en el Mediterráneo. Esto sería una bendición para un buen número de ciudades situadas en sus costas.

Imagen principal: Upper Bay, EE.UU. Imagen: Unsplash