Lugares muertos

Cómo hemos logrado domesticar entornos extremos

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Podemos afirmar con cierta seguridad que una parte considerable de la humanidad siempre ha vivido y crecido en condiciones atmosféricas severas. Al transformar paisajes, al crear complejos sistemas de irrigación y al construir diques y represas, la especie humana ha logrado que la agricultura evolucionara. El progreso en los cultivos, por su parte, supuso un aumento de la población, que después llevó al desarrollo de la cultura, las artes y la ciencia. La construcción también se ha sabido adaptar a entornos hostiles. Como consecuencia, el modelo de vivienda a lo largo de los años ha evolucionado a fin de ajustarse a las demandas crecientes de la población y a los estándares de la construcción, como por ejemplo los sistemas de ventilación y de protección contra las temperaturas extremas y las tormentas de arena, entre otros factores.

¿Y cómo se construye y se habita en condiciones severas hoy en día? ¿Qué ha cambiado? ¿Qué avances están por llegar en el campo de la arquitectura bioclimática y construcción contemporáneas?

Fijémonos en los desiertos, por ejemplo.

Actualmente, mientras en el mundo desarrollado nos pasamos el día con aire acondicionado, tribus que viven cerca del ecuador todavía utilizan métodos antiguos para protegerse del calor. Son habituales las casas hechas con barro y maleza y que aportan suficiente ventilación y aislamiento térmico. Otro sistema es el de construir una cabaña dentro de otra cabaña para reducir la temperatura interior unos cuantos grados. Otros métodos actuales, en cambio, son más elaborados. Las fachadas de malla, los toldos y las fachadas dinámicas son cada vez más populares.

Las fachadas dinámicas que protegen de la radiación solar son un complejo sistema de estructuras móviles. Su principal ventaja consiste en que las pantallas se mueven para proteger el lado del edificio que recibe más sol. Las torres Al Bahar en Abu Dhabi es el ejemplo más significativo de un edificio bioclimático con una fachada con control inteligente de la radiación solar. Como parte destacable del diseño, los arquitectos del grupo Aedas equiparon al edificio con unos triángulos motorizados, que al cerrarse forman un patrón árabe de flores. El Instituto del Mundo Árabe de París también es digno de mención. Jean Nouvel introdujo un sistema de protección contra la radiación solar como parte del proyecto. Los paneles imitan unos diafragmas, que se abren y cierran automáticamente dependiendo de la intensidad de la luz del sol.

Torres Al Bahar

Por otro lado, el abrasador sol del desierto es aprovechable. Los países con áreas desérticas pueden utilizar la energía solar para ahorrar recursos. Estas zonas tienen una ventaja inigualable sobre la Europa continental debido a la gran cantidad de espacio que se necesita para instalar fuentes de energía alternativas. Resulta que si se cubre solo un tres por ciento del territorio del desierto del Sáhara con paneles solares, la energía captada puede proporcionar electricidad a toda Europa. También se cree que un gran número de paneles solares podría condensar agua en los desiertos, que se acumularía en presas artificiales, se mejoraría así el sistema de irrigación y se reduciría la escasez de agua.

Sin lugar a dudas, la escasez de agua es un grave problema en las zonas desérticas. Muchas de las tecnologías actuales para captar y distribuir agua son solo una actualización de los métodos que se usaban hace varios siglos.

Israel es el país más avanzado en términos de reutilización de agua. Cuenta con procesos como la desalinización del agua del mar, el tratamiento de aguas residuales para la agricultura y el uso de agua de mar destinada a la cría de peces y a la irrigación por goteo. Las floridas aceras de las calles y carreteras de Israel, abundantes en vegetación, son un buen ejemplo. El desierto de Aravá es uno de los lugares más secos del planeta, con una pluviometría de varias docenas de milímetros por año. Sin embargo, gracias a la irrigación por goteo, se ha convertido en el mayor productor de frutas y hortalizas de la región. A veces, al desierto de Aravá se le llama el “almacén de hortalizas de Israel”. De hecho, más del sesenta por ciento de los productos agrícolas que Israel exporta provienen de Aravá.

Como resumen, podemos decir que, a lo largo de la historia, la especie humana ha ido adaptando los paisajes remotos y condiciones variables a la medida de sus necesidades. Asimismo, los avances tecnológicos y la arquitectura bioclimática suponen una reducción gradual de los impactos negativos del hábitat en condiciones atmosféricas extremas hasta llegar a ser casi inexistentes.