Designing for Gut Feeling

The most elusive of senses

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Básicamente, los sentidos son nuestra forma de interpretar y experimentar el mundo que nos rodea. Cuando hablamos de los sentidos, es siempre en relación con nuestro cuerpo y con esa parte específica de nuestro organismo con la que se identifica el sentido en cuestión. Normalmente las conversaciones sobre espacios versan sobre materiales, texturas y acabados. En cambio, las conversaciones sobre los sentidos parecen centrarse más a menudo en las diferencias existentes entre ellos que en cómo se relacionan entre sí. Quizás esto sea una consecuencia de nuestra manera de ver el mundo, influenciada por las ideas ilustradas de finales del siglo XX, o de intentar entenderlo: divide algo en sus diferentes componentes para ver cómo funciona. Llevando este pensamiento al extremo, entender de qué forma se comunica la información externa y cómo esta es procesada por el cerebro, debería darnos una idea exacta de qué tipo de información es. El problema es que te proporciona el mismo conocimiento acerca de cómo los humanos perciben el mundo que lo que puedes aprender sobre cocina italiana a través de un paquete de harina y un bol de tomates.   

Al igual que Internet debía iluminarnos a todos y democratizar la información, tratar la forma en la que interpretamos los estímulos de nuestro entorno como pura causa y efecto es, en el mejor de los casos, desesperadamente ingenuo y en el peor, tiránicamente determinista. La aplicación de los límites de este pensamiento nos lleva, por un lado, a la proliferación de guetos al estilo soviético en las ciudades del mundo occidental y, por otro, al tedio de los analistas de tendencias, las bóvedas en los interiores y la oleada de terrazo, verde salvia y rosa millenium que ha invadido nuestras revistas de diseño.  

Sensory information has vast implications for the design of spaces, particularly public spaces.
Quizás el mayor fracaso en urbanismo de todo el siglo XX provocado por la simplificación de cuestiones complejas fueron las viviendas sociales Pruit Igoe de St. Louis, construidas en 1956 y demolidas entre 1972 y 1976. Imagen de The Pruitt Igoe Myth and ArchDaily.com

Ambas cuestiones derivan de una simplificación de ideas complejas en un paquete de consumo fácil que facilita su venta, asimilación o imposición. La casilla que se marca. Los expertos, y los estudios detallados de temas complejos por parte de quien tiene un interés muy marcado, seguidos de pruebas y más pruebas, ya no nos inspiran confianza. Cuando las cosas son demasiado complejas para ser entendidas, se desprecia la evidencia en favor de la opinión. Y en última instancia, se da prioridad al más impreciso de los sentidos: el instinto.

De acuerdo con la neurocientífica Valerie Van Mulukom, la intuición es, de hecho, el mecanismo que utiliza nuestro cerebro para procesar la reserva de información sensorial de la que dispone y así predecir o ayudarnos en la toma de decisiones frente a cualquier situación a la que nos enfrentemos. Este proceso es inconsciente y automático. En palabras de Andy Clark, de la Universidad de Cambridge, «recientemente se ha debatido que el cerebro es esencialmente una máquina de predicción. Se trata de conjuntos de células que sirven de apoyo a la percepción y a la acción, intentando en todo momento combinar los aportes sensoriales con nuestras expectativas o predicciones».

Nuestro cerebro utiliza todos los aportes sensoriales pasados para predecir lo que nos va a ocurrir, y nos envía señales que, o bien nos advierten o bien nos guían hacia un determinado tipo de acción. Estos aportes sensoriales pueden producirse en un determinado momento (el conductor delante de nosotros frena y automáticamente hacemos lo mismo) o pueden aprenderse a lo largo de los años debido a un comportamiento repetido. Podemos definirnos como la culminación de nuestra experiencia, y lo que estamos experimentando ahora mismo, los sentimientos que tenemos sobre nuestro entorno en este momento, son un producto de esto.

¿Y esto es algo negativo? Si la persona que utiliza su instinto para tomar una decisión determinada se basa en su vasto conocimiento de la experiencia en ese campo, probablemente no lo sea. Pero si un líder mundial sin experiencia hace lo mismo cuando se trata de situaciones que afectan a la diplomacia internacional o al comercio, en ese caso seguro que lo es.

In Australia, we tend to design the risk out of all public spaces and minimize the need of having into account sensory information
Al sur de Federation Square, Melbourne, Australia. Imagen © Byron George

Esto tiene grandes implicaciones en el diseño de espacios, sobre todo de espacios públicos. En Australia, tendemos a eliminar todo tipo de riesgos del diseño de espacios públicos. Si nos fijamos en las nuevas paradas de tranvía en la ciudad de Melbourne, es posible que pensemos que han sido diseñadas para niños con discapacidad cognitiva. Aparecen líneas en el pavimento para separar a las personas, a veces en cada dirección, mientras las bicicletas disfrutan de su propio carril para cruzar la calle. Se han instalado barandillas y barreras para obligar a las personas a cruzar únicamente por las zonas establecidas. Hay señales luminosas que indican a los ciclistas, peatones, tranvías y coches cuándo debe pasar cada uno. Como colofón, el ayuntamiento de Melbourne ha realizado una propuesta recientemente para dividir el tránsito peatonal en carriles en Princes Bridge, una pasarela muy transitada que cruza el río Yarra, en el centro de la ciudad. En realidad, la intención era establecer carriles para los peatones que caminaran en sentidos opuestos. Con esta lógica, una simple intersección o el propio espacio peatonal se convierten en una compleja forma de control social, bajo el pretexto de la seguridad. Dios no quiera que los peatones se tropiecen unos con otros.

El temor que me inspira todo esto se basa en que, si nuestro comportamiento e intuición sobre las situaciones que nos rodean se basan en el aprendizaje obtenido de situaciones y entornos similares, ¿qué efecto puede tener la eliminación del posible riesgo en el diseño sobre nuestro desarrollo cognitivo? ¿Es posible que nuestros urbanistas estén contribuyendo a la falta de conciencia kinestésica en nuestra población? Si añadimos la proliferación de teléfonos inteligentes a toda esta cuestión, tendremos la tormenta perfecta de estímulos ambientales reducidos y un entorno que nos anima de forma activa a no interactuar con los demás.

Princes Bridge, Melbourne, Australia. Imagen © Byron George.

Llevando esto un paso más allá —gestionando el riesgo de esta manera y reduciendo los estímulos sensoriales en la interacción de los humanos en los espacios públicos— ¿estamos de hecho contribuyendo a la reducción de la intuición general de la población o a una simplificación de cómo vemos a los demás en relación con nosotros mismos? ¿Todo esto puede culminar en un aumento de la xenofobia? Yo diría que estar expuesto a una gama más amplia de experiencias y personas es vital para una comprensión más profunda de nosotros mismos como seres humanos y, en última instancia, para crear una sociedad más cívica e inclusiva.

No te conviertes en mejor corredor descansando las piernas por si ocurre algo y utilizando rodilleras para proteger las articulaciones. Para lograrlo la única opción es correr. Nuestros cerebros son exactamente iguales: necesitamos estímulos sensoriales para poder sobrevivir. Quizás deberíamos hacernos un favor, quitarnos los auriculares, esconder el teléfono y lanzarnos al mundo.

Imagen principal: Restaurante Space & Time, Russell & George. Imagen © Paul Martin

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