El encanto de la ciudad pos-COVID

Espacios compartidos y experiencias colectivas

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¿Podemos imaginar un futuro en el que nos reunamos de nuevo? ¿Seremos capaces de volver a descubrir el encanto en nuestra experiencia urbana? Cuando se desató la pandemia del COVID-19, comenzaron a circular multitud de escenarios apocalípticos acerca de nuestro futuro; se producirían cambios drásticos en la vida urbana, orquestados para evitar que vieras a tu vecino y todo sería «sin contacto».  Pero todas las corrientes mudaron rápidamente hacia la habilitación y celebración de espacios físicos compartidos. Ha llegado el momento de volver a imaginar nuestros espacios públicos urbanos para que puedan contribuir a nuestro bienestar colectivo y a nuestra creciente necesidad de una infraestructura flexible y resiliente. 

Encontrar oportunidades en las restricciones

Para que las sociedades saludables prosperen, los extraños necesitan, como dijo el filósofo político americano Michael Sandel, «literalmente chocar unos con otros en el curso ordinario de la vida». Las conexiones informales que se generan son esenciales para garantizar un sentido de comunidad y cuidado de los demás, caras familiares y desconocidas por igual.

Teniendo esto en cuenta, las medidas de seguridad son una oportunidad para permitir experiencias colectivas transformativas. La distancia física da lugar a nuevas coreografías que transforman el espacio negativo entre nosotros en algo divertido, incluso positivo. Si los cuerpos deben permanecer físicamente separados, el tiempo se convierte en un factor que puede unirlos: al hacer algo al mismo tiempo en diferentes espacios, o estando en el mismo espacio en momentos diferentes. Cuando diseñamos para una interacción o distancia sin contacto, podemos elegir un diseño más allá del tacto o más allá de la proximidad, logrando que la vida pública sea más sensorial, más ágil, más conectada. Lejos de las políticas de control, este cambio de perspectiva define espacios saludables, accesibles y equitativos.

Columpios en el espacio público de Montreal.
21 Swings, Montreal, 2011, Daily tous les jours. Imagen© Olivier Blouin

Volviendo a imaginar con inteligencia

La infraestructura urbana en su conjunto se reimagina con la experiencia humana y la escala como parte de su núcleo. Hoy en día, tenemos la capacidad tecnológica de diseñar más allá de lo funcional para servir también a lo experiencial. Las mismas tecnologías inteligentes utilizadas para optimizar los procesos urbanos pueden originar sorpresas espontáneas. Pueden dar lugar a experiencias fascinantes que ayudan a conectar a las personas entre sí en el mundo físico. La magia de reunirse, de compartir encuentros improbables, genera sorpresa y placer. Utilizando las mejores herramientas tecnológicas de nuestro tiempo, la ciudad imaginada alrededor de personas que se reúnen y colaboran en el espacio público puede inspirar un sentimiento de posibilidad de un mañana mejor. En este momento nuestro entorno urbano está mejorando en la gestión de recursos e información, pero una ciudad exitosa no es solo un conjunto de procesos optimizados. También debería permitir que sucedan cosas felices, las cosas que nos conectan en un nivel superior y nos hacen preocuparnos los unos de los otros, lo que en última instancia conduce a comunidades más fuertes y resilientes.

Una instalación en el espacio público de Houston.
Hello Trees, Houston, una exposición itinerante desde 2017. Daily tous les jours. Imagen © Morris Malakoff

El encanto del paseo

Muchos responsables de políticas urbanas están aprendiendo de la pandemia y aplican estrategias de diseño más habitables a nuestras calles y uno de los ejemplos más visibles ha sido el cambio hacia una creciente peatonalización. Tal como dijo Enrique Peñalosa, ex alcalde de Bogotá, «los seres humanos son animales caminantes y caminamos para ser felices y no para sobrevivir». Más allá de la seguridad y la salud, caminar es una de las cosas que hacemos en las calles que puede encender nuestro sentimiento de libertad. Andar nos hace felices. ¿Y el baile?

Bailar tiene el poder de cambiar nuestra relación con nuestro propio cuerpo ayudándonos a tener una visión más positiva de los demás y de nosotros mismos. En un artículo en el New York Times, Gia Kourlas escribió, «Tu pareja es un extraño y la acera es un escenario… el distanciamiento social no es solo para honrar el espacio, sino también para celebrarlo». Cuando se imaginan con el encanto en mente, incluso en una pandemia, las rutinas urbanas pueden convertirse en apreciados rituales que encienden la alegría en nuestras vidas. Bailar en la calle casi se convierte en un acto político, un acto de resistencia.

Así que, ¿es este el fin de la vida pública?

La verdad es que este parece ser el mejor momento. El mejor momento para convertir la ciudad en lo que debe ser. Más verde, más inclusiva, más justa, más resiliente y sí, más bailable. En todo caso, la crisis actual muestra que necesitamos más colaboración entre los extraños para tener ciudades saludables y que la vida pública puede ayudar a dar forma a estas conexiones. La crisis nos está demostrando que juntos somos poderosos. Y que necesitamos alegría. La alegría nos permite conectar más fácilmente con nuestros vecinos, generando confianza. La confianza genera comunidades fuertes. Y las comunidades fuertes pueden hacer lo que se propongan.

 

Este artículo ha sido redactado en colaboración con Cecile Chandran, Rebecca Taylor, Michael Baker, y todo el equipo de Daily tous les jours.

 

Imagen principal: Walk Walk Dance, Montreal, 2020, Daily tous les jours. Imagen © Victorine Senthilles-Thot

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