El shock futuro

El auge de las renovables

Article image

Al sur de la ciudad marroquí de Ouarzazate, conocida como la «puerta del desierto», existe un inmenso y resplandeciente campo de luz. Infinitas filas de reflectores solares captan y canalizan la energía solar, creando un espectáculo de otro mundo en el árido paisaje del Sahara. Esta síntesis de naturaleza y tecnología es la Planta Solar Noor («noor» significa «luz» en árabe), la más grande y sofisticada del mundo, con capacidad para producir suficiente energía para abastecer a una ciudad del tamaño de Praga.

La demanda de electricidad en Marruecos se ha duplicado desde 2010, pero al incrementar la producción el país pretende liberarse de la dependencia de combustibles fósiles importados y convertirse en un líder mundial en energía renovable, estableciendo ambiciosos objetivos para su generación y suministro. Hoy en día la planta Noor cubre alrededor del 40% de las necesidades del país; en 2030 Marruecos tiene como objetivo hacer que las energías renovables, incluyendo la energía eólica e hidráulica, sean la principal fuente de combustible, proporcionando reservas teóricamente infinitas de energía limpia y sostenible.

Cada vez con mayor frecuencia, este parece ser un patrón que se repite en otros países a medida que intentan disminuir su dependencia de los combustibles fósiles y reducir las emisiones de carbono. Hemos visto cómo la energía basada en el carbono, siendo considerada alguna vez como el motor de la modernidad y el progreso, continúa estando profundamente arraigada en nuestra vida cotidiana, desde la conducción de coches hasta el encendido de las luces, pero su impacto catastrófico sobre el medio ambiente es reconocido hoy en día como un peligro crítico para la supervivencia humana y planetaria.

Planta geotermal cerca de Reikiavik
La planta geotermal cerca de Reikiavik aprovecha los abundantes recursos naturales de Islandia para generar electricidad y proporcionar energía al Blue Lagoon, un popular balneario de aguas termales. Imagen Prosthetic Head/Wikipedia Creative Commons

Catalizadas por la escalada de la crisis climática, las tecnologías renovables están en auge. Más de 100 ciudades obtienen al menos un 70% de su electricidad de las renovables. Aprovechando los abundantes recursos naturales de Islandia, Reikiavik obtiene toda su electricidad de la energía geotermal e hidráulica, y está en proceso de convertir todo su flota de vehículos, tanto público como privado, para que sean libres de combustibles fósiles antes del 2040. Las tecnologías renovables también se están abaratando, y la mayoría de ellas ha logrado alcanzar un costo comparable al de los combustibles fósiles o incluso ha logrado rebajarlo. Otras políticas destinadas a incentivar las energías renovables incluyen la fijación de los precios del carbono, las normas de ahorro de combustible y una normativa de edificación más estricta.

Los espectáculos de ingeniería de las turbinas eólicas y las presas hidroeléctricas se han convertido en elementos familiares del paisaje moderno, al igual que las tecnologías renovables menos llamativas, como los paneles fotovoltaicos sobre los tejados de los edificios o las fuentes de calefacción geotérmica enterradas a gran profundidad. Las estrategias de diseño dan prioridad ahora a medios pasivos de control medioambiental con menor desperdicio de energía, lo cual podría abarcar la orientación de los edificios para captar la energía solar, fachadas de múltiples capas y el uso de materiales macizos que retienen el calor, como el ladrillo y la piedra, en lugar de revestimientos pulidos y ligeros.

Presa Hoover en Nevada
Terminada en 1935, la presa Hoover en Nevada es una de las presas hidroeléctricas más grandes del mundo, fotografiada aquí por Ansel Adams, el famoso cronista del paisaje de los Estados Unidos. Imagen Ansel Adams/Wikipedia Creative Commons

Estos medios para dar forma a los edificios y al medio ambiente no son nuevos. Desde los primeros tiempos, los humanos han aprovechado la energía del viento, el sol y el agua. El viento impulsaba a los barcos por el río Nilo ya en el año 5000 a.C. y refrescaba las viviendas tradicionales y las estructuras de la Edad Media a través de torres de captación de viento. Los molinos de viento se utilizaron originariamente para la producción de alimentos en Persia, extendiéndose a las regiones vecinas y siendo adoptados finalmente por los países europeos, sobre todo los Países Bajos, para drenar lagos y pantanos, dando su forma característica al paisaje holandés de pólderes. La arquitectura tradicional o vernácula siempre ha evolucionado en respuesta a fuerzas naturales, extrayendo lo específico del clima, el lugar, los materiales y la cultura.

A raíz de la creciente preocupación por el cambio climático, es evidente que los combustibles fósiles baratos y las grandes ambiciones de la era moderna no han sido siempre las fuerzas benignas y liberadoras del progreso. Y como demuestra la abrumadora pandemia de la COVID-19, a pesar de los inmensos avances de la tecnología, la humanidad puede encontrarse fácilmente desamparada mientras se esfuerza por hacer frente a los desafíos de una nueva crisis global.

Para los arquitectos y otros profesionales de la construcción, esto exige una reevaluación crítica de cómo se obtiene y da forma al entorno construido, equilibrando los ideales modernizadores con los principios de la sabiduría vernácula y la experiencia humana. Al hacerlo, se debería evitar el impulso de sentimentalizar el pasado, pero sí se debe cuestionar y aprender de él para idear nuevos modelos que puedan informar y sostener el futuro. Al igual que la arquitectura del siglo XX fue impulsada por el capitalismo y la abundancia de petróleo, ¿cómo responderá la arquitectura del siglo XXI a las amenazas e incertidumbres existenciales de la época?

En su búsqueda de la reinvención, la arquitectura reciente se ha encontrado a menudo persiguiendo la novedad efímera en lugar de comprometerse con las realidades tangibles. La invención generada como resultado de modelos abstractos es a menudo vulnerable a la irrelevancia, la falta de orientación y un sentido de transitoriedad y disposición. Afirmar el papel social del entorno construido, al tiempo que nos anclamos en una cultura genuina de la sostenibilidad del ciclo de la vida, representa la posibilidad de conseguir una arquitectura responsable, radical y elocuente en constante renovación al servicio de la sociedad. Tal como muestra la historia, no necesitamos nada menos.

Imagen principal: Vista del desierto cerca de Ouarzazate, Marruecos. Imagen Maxme/Wikipedia Creative Commons

 

Suscríbete a la newsletter