La eco-efectividad de la naturaleza en la arquitectura

Pensando en ciudades biofílicas

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Cuando las ficciones distópicas nos hablaban de catástrofes, en nuestro imaginario como país desarrollado, siempre era el medio ambiente el que estaba al borde del cataclismo. Lluvias ácidas, polución, desaparición de especies y desastres naturales eran el escenario de un futuro en el que la humanidad se enfrentaba a su fin inminente.

Pero el futuro ha llegado y nos ha sorprendido a todos con una pandemia que nos ha recluido en nuestras casas, ha suspendido toda actividad productiva y nos ha devuelto los cielos azules, el aire puro y el agua limpia. Nuestro crecimiento ha entrado en recesión y la contaminación de nuestras ciudades ha disminuido por debajo del 80% de sus valores habituales.

¿Crecimiento y contaminación son dos valores antagónicos o, por lo contrario, podemos mantener una economía no recesiva y a la vez unos niveles de contaminación como los de estos días? Esta pandemia nos despierta y nos reclama un cambio de paradigma. Si queremos seguir creciendo y no morir en el intento hay que cambiarlo todo.

Como arquitectos, ¿cuál es nuestra responsabilidad y nuestro papel? Actualmente la construcción y el funcionamiento de los edificios suponen el 50% del consumo de energía mundial y si incluimos los desplazamientos de personas y mercancías entre edificios comprobaremos que los proyectistas somos responsables del 75% del consumo energético mundial. Y sin embargo tecnológicamente tenemos medios y somos capaces de construir edificios de consumo cero o que incluso produzcan más energía de la que consumen y con un balance de carbono negativo.

Una apuesta por el medio ambiente: vegetación integrada en las vías del tren.
La vegetación como protagonista sobre las vías del tren. Eix de la via, Vilafranca del Penedès, Batlle i Roig Arquitectura. Imagen © Joan Batlle

Las ciudades y el territorio cambian constantemente debido a la incidencia humana y a la vez los humanos evolucionamos debido a la antropización del territorio. Esta reacción es inevitable, pues los humanos formamos parte de la naturaleza. Los proyectistas debemos trabajar para innovar constantemente e investigar para reducir nuestra huella ecológica en el planeta. Podemos incidir en todas las escalas del territorio: desde el planeamiento, las grandes infraestructuras verdes, pequeñas calles, parques urbanos y los edificios, hasta el detalle de un balcón o la terraza de nuestra casa.

En nuestras ciudades el 60% del espacio público está destinado a los vehículos mientras que el 40% restante los comparten flora, fauna y peatones. No nos extrañe que el virus se propague tan rápido con un ratio de ocupación tan alto en los espacios libres y los hábitos que esa aglomeración conlleva. Pero podemos revertir esta situación, descomprimir y renaturalizar el espacio público para hacerlo más saludable, productivo y permeable. Podemos y debemos fomentar la movilidad sostenible Puerta a Puerta y revalorizar el territorio, aprovechando sus dinámicas para conseguir los mejores sitios y conectar de manera más saludable las zonas habitadas.

Los proyectistas deberíamos estar preparados para cambiar constantemente y aprender de las nuevas realidades. Es tan así, que en poco tiempo nosotros mismos cambiaríamos los proyectos; ya no los haríamos iguales. Pero no por una cuestión estética, sino por innovación tecnológica y respeto al medioambiente. La eco-efectividad de nuestros proyectos hacia el planeta debe ser un pilar en el diseño de cualquier idea.

Con esta metodología de evolución continua se consiguen dos beneficios para el proyectista, el cliente y el planeta:

– Los clientes entienden el valor de que su proyecto sea único y hacen suya la innovación que los hace ser especiales.

– El proyectista se convierte en experto en cada una de las materias que trabaja; cada proyecto es diferente y cada vez serán más amplios los campos de experiencia.

En este edificio se ahorra energía para cuidar el medio ambiente.
Rehabilitación de un edificio industrial, los patios centrales permiten iluminar naturalmente el interior. Oficinas Médicos sin Fronteras, Barcelona, Batlle i Roig Arquitectura. Imagen @ Joan Batlle

Este deber de los proyectistas, el respeto por el medio ambiente, se debe relacionar con la innovación y ser conscientes que cada año hay que trabajar para seguir sumando. La innovación técnica, medioambiental, social y cultural dentro de la oficina nos hará crecer como profesionales transversales en un mundo que experimenta un cambio de paradigma constante. Innovar o investigar no significa sumarse a las corrientes mundiales, sino entender las problemáticas y dar una respuesta precisa a nuestros clientes, a la ciudadanía y al mundo.

En nuestra constante búsqueda de mejora, hemos investigado qué hemos hecho hasta ahora, qué estamos haciendo actualmente y qué podríamos hacer para mejorar en el futuro. Esta investigación arrojó una matriz de sostenibilidad que expresa nuestro compromiso con la emergencia climática, una matriz entre cada uno de nuestros campos de trabajo –ciudad, paisaje y edificación– y los diferentes temas que abordamos para desarrollarlos. Estos temas son los compromisos que como proyectistas debemos trabajar y desarrollar en cualquier proyecto: biodiversidad, agua, movilidad sostenible, productividad, isla de calor, reciclaje urbano, C2C-cradle to cradle, emisiones zero, autosuficiencia y salud y bienestar.

Pero volvamos al inicio. ¿Qué aprenderemos de esta crisis? Nada que no supiéramos de antemano, que la solución está en la naturaleza. Que en su cuidado, respeto, restauración y reimplantación en las ciudades y el territorio está la clave de nuestra supervivencia y que nuestro desarrollo debe ir a la par que el suyo. En la naturaleza está la solución y en nuestras manos está el conseguirlo.

El futuro piensa en verde.

Imagen principal: Sepulturas 100% biodegradables en el Cementerio Roques Blanques, Parque Natural de Collserola. Camí del Bosc, Batlle i Roig Arquitectura. Imagen © Batlle i Roig Arquitectura

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