La nueva energía en la arquitectura

¿Deberíamos expresar los kWh en una fachada?

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Solo recientemente me he dado cuenta de las expectativas que los arquitectos tienen respecto a la transición energética. Ocurrió durante una presentación ante la comisión de un proyecto residencial en el que nuestra oficina estaba trabajando. Explicamos que el edificio había sido diseñado de acuerdo con los criterios de eficiencia energética: ventilación natural para las viviendas y el aparcamiento, junto con la conexión a la red de calefacción y refrigeración del distrito. También incluía instalaciones de cero emisiones como los paneles fotovoltaicos en la cubierta, baterías para el almacenamiento de energía y plazas de aparcamiento equipadas para la carga eléctrica. En un momento determinado, varios miembros de la comisión plantearon si el ambicioso enfoque que habíamos previsto respecto a la innovadora gestión de la energía de las viviendas tenía su reflejo en la estética del proyecto.

«Así que la transición energética debería ser visible en la fachada», pensé, y la sugerencia me pareció legítima de alguna forma, y me hizo reflexionar…

Rebobinemos hasta 2015: Nuestra oficina colaboraba con la Central de Energías Renovables de Olot, desde donde una serie de edificios en el centro histórico de la ciudad (residencias de ancianos, museo, mercado, oficinas administrativas, etc) recibía toda su climatización y agua caliente de fuentes de energía 100% renovables. Nunca antes había aprendido tanto sobre energías renovables y gestión energética como a través de los excelentes ingenieros con los que trabajamos. A todos les movía el deseo de crear alternativas viables al uso de combustibles fósiles. Desde el punto de vista tecnológico no existían grandes problemas para el proyecto. La generación local y limpia de energía a través de paneles fotovoltaicos, energía geotérmica y biomasa no podía ser considerada innovadora. Lo que transformaba el proyecto en algo innovador era su complejidad: su aplicación a gran escala dentro de un tejido urbano ya existente y el hecho de que el proyecto incorporaba múltiples aspectos de la hoja de ruta que debía llevarnos hacía una sociedad de carbono cero.

En primer lugar, las fuentes de energía eran diversas y adaptadas a necesidades específicas en momentos específicos: agua caliente obtenida de biomasa para uso sanitario por las mañanas y las tardes; agua fría a partir de la geotermia para refrigeración en verano y agua caliente obtenida de la misma fuente para climatización en invierno.  Al mismo tiempo, la energía se generaba localmente, de forma descentralizada, en un perímetro de 600 m alrededor de los usuarios. Y lo que es más importante, todas las fuentes de energía eran renovables, por lo que se evitaría un importante volumen de emisiones de CO2, 750 toneladas al año.

Como arquitectos de la Central, nuestra tarea consistía en situar todas las instalaciones y maquinaria en la planta baja y en el sótano de un antiguo hospital. En verdad esta no era la parte más complicada del proyecto, pero sí ofrecía una oportunidad gratificante, teniendo en cuenta que la reforma de edificios antiguos también es urgente desde el punto de vista de la sostenibilidad. Pero los verdaderos héroes pioneros del proyecto eran los ingenieros que, a pesar de todas las dificultades con las que se encontraron, lograron crear esta red energética de cero emisiones.

Como participante pude ver de cerca cómo se enfrentaron a los problemas que debieron superar para lograr algo innovador, algo no previsto en la legislación existente. Vi lo complicado que es operar fuera del sistema dominante de combustibles fósiles; lo difícil que resulta romper un statu quo que ha resistido hasta el día de hoy, a pesar de todos los avances tecnológicos conseguidos desde los años 70 y a pesar de la urgencia del actual calentamiento global. Me di cuenta de estas y de muchas otras cosas referentes a la energía y creo que, tras haber trabajado en la Central, nuestra arquitectura evolucionó gracias al conocimiento obtenido entonces.

Las contraventanas correderas pueden definir una fachada... aunque tienen que tener sentido. Imagen © B01 Arquitectes
Las contraventanas correderas pueden definir una fachada… aunque tienen que tener sentido. Imagen © B01 Arquitectes

Avanzamos rápidamente hasta 2020 y las preguntas que se plantearon sobre la estética de nuestras viviendas. ¿Puede la transición energética definir una estética específica? Por otro lado, ¿es esa estética específica necesaria o incluso deseable?

Hemos visto proyectos arquitectónicos que han logrado un gran progreso en la gestión energética, y hemos visto edificios que son completamente contaminantes desde el punto de vista de la energía y del CO2. Y debo admitir que personalmente, me resulta difícil distinguir unos de otros a simple vista. Mi experiencia me ha demostrado que la imagen exterior de un edificio está casi completamente disociada de su funcionamiento interno y de sus aspectos energéticos. Por supuesto que existen elementos que pueden indicar que se ha prestado atención a la gestión energética, por ejemplo, voladizos y contraventanas móviles que protegen a las ventanas de una radiación solar excesiva; o la colocación de paneles fotovoltaicos en la fachada.

El riguroso análisis de la acumulación de sol y sombra define los parámetros para el diseño arquitectónico. Imagen © B01 Arquitectes
El riguroso análisis de la acumulación de sol y sombra define los parámetros para el diseño arquitectónico. Imagen © B01 Arquitectes

Pero a veces estos se utilizan sin demasiado rigor y acaban siendo una mera distracción. Lo que aprendí en Olot es que el paso más importante hacia los edificios de cero emisiones es una colaboración seria entre un ingeniero rigurosamente sostenible y un arquitecto rigurosamente sostenible. Pero más allá de esto, la imagen o el estilo de un edificio no está condicionado por conceptos de energía sostenible. La fachada de la Central de Olot tampoco ha sufrido restricciones en este sentido.

La construcción sostenible y la integración de la energía sostenible en la arquitectura son complejas. A pesar de lo que uno pueda pensar, una gran ventana corredera con un buen aislamiento que esté correctamente orientada puede suponer una solución eficiente desde el punto de vista energético para un proyecto determinado. La energía es como tantos otros aspectos de la arquitectura: si es buena o mala depende de la situación y el contexto específicos. Por lo tanto, opino que no solo debemos aceptar, sino incluso sentirnos cómodos con el hecho de que la arquitectura eficiente energéticamente puede ser irreconocible. Considerémonos afortunados por el hecho de que la transición energética no limita la expresión arquitectónica.

Imagen principal: Fachada de la Central de Energías Renovables de Olot, situada en la planta baja de un antiguo hospital. Imagen © Antonio Navarro Wijkmark

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