¡PRODUCE IDEAS!
¡CONSUME IDEAS!

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Quisiera comenzar este artículo recordando la opinión de Paola Antonelli, comisaria jefe del Departamento de Arquitectura y Diseño del MoMA de Nueva York, expresada en el documental Objectified (2009), según la cual auguraba para los diseñadores del siglo XXI un papel similar al que por ejemplo habían tenido los filósofos franceses en su país durante la segunda mitad del pasado siglo, esto es, la de ‘opinadores’ sobre cualquier tema ligado a la actualidad, estuviese relacionado o no, en su caso, con el campo del pensamiento, la crítica o el ensayo.

También me viene ahora a la memoria el eslogan que se me ocurrió plasmar en una de las muchas pancartas y espacios vacíos que estaban disponibles para que cualquiera, libremente, pudiese expresar sus opiniones, deseos o críticas durante las concentraciones del 15-M en la Puerta del Sol, de Madrid, allá por el año 2011; la proclama que escribí, de manera totalmente espontánea, en aquel rectángulo virgen, metáfora de tantos proyectos y sueños por realizar, y que hoy da título a este texto fue: ¡PRODUCE IDEAS! ¡CONSUME IDEAS!

¡Oh! De ideas (fotografía de una obra de 2010).
¡Oh! de ideas (2010) / Colección particular / ©los díez / Fotografía: Matías Pérez Llera

Una vez de regreso a la quietud y silencio de nuestro estudio es cuando realmente comencé a reflexionar sobre el contenido de mi soflama, es cuando me di cuenta de que, paradójicamente, moviéndome como lo hacía en el campo del diseño de producto, y desde hacía poco tiempo también en el de la creación de poemas objeto, lo que había expresado en aquel cartel era una llamada, una incitación con mayúsculas y signos de admiración —incluso el de apertura—  para producir y consumir, pero no entes materiales, no cosas, sino ideas, intangibles e inmateriales; tal vez, pensé, la reflexión que dos años antes había escuchado a Paola Antonelli comenzaba, a modo de semilla intelectual, a fructificar en mi mente.

Y así llegamos hasta el día de hoy, cuando, gracias a la invitación de Roca Gallery para aportar mi opinión en su plataforma de pensamiento con el tema «Nuevas maneras de consumir», he encontrado la motivación para ordenar y plasmar negro sobre blanco las ideas y especulaciones que alrededor de este tema solamente había ido esbozando a lo largo de los años en diversos talleres, charlas y conferencias.

Las ideas son la puerta al conocimiento.
Conocimiento (2014) / Colección Glória Bordons / ©los díez / Fotografía: Matías Pérez Llera

Pues bien, como diseñador de producto que soy, quisiera dirigir este artículo de manera especial, aunque no excluyente, a mis colegas de profesión; quisiera no tanto hacerles ver que está en nuestra mano proponer nuevas maneras de consumir —pretensión loable aunque tal vez inabarcable por el espectro de productos y servicios que el mercado pone hoy a nuestra disposición como consumidores y usuarios— como plantearles el reto de que sean nuestras ideas, sin necesidad de verse materializadas las que pongamos al servicio del público. Así, como intermediadores entre campo de la técnica y el arte, podríamos actuar como esos ‘opinadores’ del siglo XXI de los que hablaba Antonelli, cuyas ideas serían requeridas ante cualquier acontecimiento, circunstancia y necesidad, ya fuese por parte de un usuario de manera individual o de la sociedad en su conjunto.

De esta manera ofreceríamos un producto, nuestras ideas, que por su propia naturaleza se distanciaría por una parte de la concepto de producir y fabricar para acercarse al de generar y crear y, por otra, se alejaría de la idea de consumir —vinculada en su acepción más negativa a la de agotar y extinguir— para ligarse a la de interiorizar y asimilar.

Así, los diseñadores no tendríamos por qué ver cómo la materia prima de nuestro trabajo, esto es, la información y conocimiento, se plasma únicamente en bienes tangibles, concretos y perceptibles, sino que seríamos capaces, sin necesidad de utilizar materias primas y energía, simplemente a partir de nuestro trabajo intelectual, de generar opinión y discurso comunicacional, cuya única emisión contaminante sería positiva y transversal, y cuyo resultado sería totalmente reciclable a la hora de generar nuevas ideas.

Alquimia de ideas (obra de 2021).
Alquimia de ideas (2021) / Colección COSENTINO / ©los díez / Fotografía: Matías Pérez Llera

De esta manera, los diseñadores, fuese cual fuese nuestra especialidad, podríamos empezar a colonizar actividades y campos de actuación que hasta ahora han sido escasamente contemplados en nuestro quehacer cotidiano, al menos en nuestro país, como son los de ensayista, articulista, comisario, prologuista, asesor, columnista, tertuliano, etc., en un primer momento alrededor de los temas que profesionalmente nos son propios, pero posteriormente en cualquier ámbito donde la tríada técnica/humanismo/arte tuviese cabida.

Eso sí, ello supondría, desde el ámbito educacional del diseño, introducir en el consabido binomio técnica/arte que he citado anteriormente el componente humanístico, contemplado de manera incidental y marginal en los actuales planes de estudios.

En definitiva, y para terminar, lo que propongo es que los diseñadores no quedemos relegados a ser, en un mundo en el que los problemas por resolver son cada vez más acuciantes y los retos más indefinidos, únicamente intermediarios entre los intereses de productores y fabricantes y las necesidades de los consumidores y usuarios, sino que nos convirtamos en  una voz que reflexione y aporte su opinión y punto de vista sobre esos mismos problemas y retos a los que se enfrenta la humanidad, de la cual, en definitiva, formamos parte.

http://www.losdiez.es

Imagen principal: La medida de las palabras, la dimensión de los pensamientos (2014) / ©los díez / Fotografía: Matías Pérez Llera

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