La estela medioambiental de viajar en avión

La compra de emisiones es una de las medidas eficientes para compensar la huella ecológica que supone desplazarnos por aire

Article image

A mediados de los noventa la aviación comercial vivió una auténtica revolución con la irrupción de las compañías aéreas de bajo coste y el consecuente aumento de emisiones de CO2. De un día para otro volar entre Barcelona y Londres podía ser incluso más barato que viajar en tren entre ciudades relativamente cercanas de un mismo país. De repente, un buen número de ciudadanos europeos ya no teníamos que esperar a juntar unos días de vacaciones para visitar otra ciudad del continente. Y si hasta ese momento lo más habitual era salir el fin de semana a una playa o una montaña cercana, ahora los bajos precios de un billete de avión nos permitían ampliar horizontes e irnos a pasar un par de días a Venecia, Dublín o Ámsterdam.

Recuerdo una conversación con un amigo inglés, profesor de ecología en una universidad de Londres, que observaba con preocupación este fenómeno. Él y sus compañeros de departamento contabilizaban las millas que volaban al año porque eran muy conscientes de la cantidad de emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero que genera un viaje en avión.

Sin embargo, la mayoría de la población estaba encantada con la posibilidad de desplazarse a bajo coste y, por lo tanto, bastante frecuentemente. Ni siquiera las altas medidas de seguridad implementadas en los aeropuertos a partir de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, ni las consecuentes esperas en la cola de embarque, consiguieron disuadirnos de viajar.

El problema es que, como señalaba mi amigo el profesor de ecología, este incremento de la movilidad tiene consecuencias. En 2016 la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA) publicó el primer Informe Medioambiental sobre la Aviación Europea. En éste se decía que entre 1990 y 2014 las emisiones de CO2 procedentes de los viajes en avión crecieron en Europa alrededor de un 80% (¡nada más ni nada menos!). Paralelamente también se doblaron los NOx (los óxidos de nitrógenos que empeoran la calidad del aire).

En enero de 2019 ha aparecido la segunda edición de este informe, que confirma la tendencia al alza de los viajes en avión. Desde 2014 las emisiones de CO2 han crecido un 10% y las de NOx un 12%. Según este informe se prevé que el número de vuelos crezca un 42% hasta 2040, mientras que las emisiones de CO2 lo harían en un 21% y las de NOX en un 16%.

CO2 emissions rates rose by around 80% between 1990 and 2014
Entre 1990 y 2014 las emisiones de CO2 procedentes de los viajes en avión crecieron en Europa alrededor de un 80%. Alamy Stock Photo

Desde la Agencia Europa del Medio Ambiente se pone énfasis en la necesidad de que las compañías aéreas inviertan recursos y esfuerzos en potenciar el uso de biocombustibles y tecnologías menos contaminantes. De hecho, se ha creado el programa de investigación Clean Sky, que colabora con la industria aérea europea para conseguir reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y la contaminación acústica que producen los aviones. Se supone que, tarde o temprano, estos esfuerzos se traducirán en una industria más limpia, pero de momento se avanza muy lentamente.

Por su parte, en 2016, la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) acordó el establecimiento de un sistema de mercado de emisiones de CO2 para vuelos internacionales, que está previsto que se establezca definitivamente en 2020. Cuando dicho acuerdo entre en vigor, las compañías aéreas que superen el límite establecido tendrán que comprar unidades de emisión de CO2 generadas en proyectos de otros sectores que reviertan esta situación, por ejemplo, con la reforestación de bosques o el fomento del uso de energías verdes.

Y mientras las altas instancias gubernamentales y las compañías aéreas ponen en marcha medidas para ser más sostenibles ¿qué podemos hacer los ciudadanos?

Desde hace unos años han surgido iniciativas que nos permiten compensar el impacto ecológico de nuestros viajes en avión precisamente con la compra de unidades de emisión. Muchas compañías aéreas ofrecen la posibilidad de hacerlo cuando compras el billete, pero también existen ONG encargadas de ello. La alemana Atmosfair cuenta con muy buena reputación. En su página web podemos calcular las emisiones de nuestro vuelo teniendo en cuenta no solo entre qué dos ciudades viajamos sino también en qué clase, el tipo de avión, si se trata de un vuelo regular o chárter, el número de escalas y la compañía con la que vuelas (las hay más sostenibles que otras).

Según Atmosfair, un viaje entre Barcelona y Londres con la compañía más verde puede compensarse con una compra de emisiones por valor de 13€, que la propia ONG invertirá en alguno de sus proyectos sostenibles: cocinas eficientes en Nepal, parques de energía eólica en Nicaragua o implementación de sistemas de energía hidráulica en Honduras, entre otros.

También hay ONG dedicadas a proteger el medio ambiente que intentan movilizar consciencias haciendo hincapié en la contaminación de los viajes en avión. La galesa Size of Wales (https://sizeofwales.org.uk/) este verano lanzó la campaña ‘¿Preocupado por el impacto que están generando tus vuelos este verano?’ para que la gente comprara unidades de emisión que, en este caso, se invertirían en proyectos destinados a preservar bosques de todo el mundo.

Pero además de comprar emisiones, también podemos optar por viajar con compañías que buscan reducir la huella ecológica.  El proyecto español Life + Zero Cabin Waste tiene como objetivo reciclar el 80% de los residuos que se generan a bordo, lo que también permite disminuir el impacto de nuestro vuelo.

Seguramente en los próximos años veremos muchas más iniciativas que intenten revertir el impacto ecológico de los vuelos comerciales, pero, de momento, es bueno saber que podemos tomar medidas para que, cada vez que cogemos un avión el efecto en el medio ambiente sea algo menor.

Para compensar el impacto ecológico de un vuelo entre Barcelona y Londres podemos comprar emisiones por valor de trece euros a alguna ONG que trabaje en proyectos sostenibles

Imagen principal: En 2020 está previsto que se endurezcan las medidas de control de las emisiones de CO2 de las compañías aéreas. Alamy Stock Photo