El océano y yo

Una estudiante reflexiona sobre la importancia de conservar el entorno marino

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Hace un par de meses, sentada en mi escritorio, abrí emocionada una caja de zapatillas deportivas Adidas x Parley Ultra Boost. Estrenar zapatos a casi todos nos proporciona un punto de emoción, pero esta vez me sentí particularmente satisfecha por un hecho significativo: estas zapatillas están fabricadas en un 95 por ciento con plástico recuperado de los océanos. Mientras me las ponía, sentí una pizca de vanidad mezclada con regocijo; con esta compra había apoyado un producto que había convertido algo muy malo en algo muy bueno. Y me paré a reflexionar, sentada mirando a mis deportivas nuevas, en el motivo que me había impulsado a comprarlas.

zapatillas Parley for the oceans. Adidas
Las zapatillas Adidas by Parley

El océano, esa masa azul que cubre el 70 por ciento de la superficie del planeta, nos proporciona alimento y limpia el aire, lo que nos permite respirar. De hecho, es precisamente su existencia lo que diferencia nuestro planeta del resto. Hoy en día es difícil ignorar la crisis a la que se enfrentan nuestros océanos, no solo porque es un tema recurrente en las noticias, sino por la cantidad de cifras globales que circulan y por los países que están denunciando la contaminación del mar.

Pero ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿De qué manera está afectando nuestro estilo de vida a los océanos y cómo salimos de este lío en el que nos hemos metido? ¿Es la respuesta tan simple como comprar un par de zapatillas deportivas de vez en cuando?

Los humanos hemos vivido miles de años en armonía con los océanos. Si Moana, la película de Disney, me ha enseñado algo es que el océano evoca emoción y aventura. Es un entorno increíble, y no solo porque el mar nos proporciona energía, sino también diversión y tranquilidad. No conozco a casi nadie a quien no le guste ir a la playa. La imagen de aguas turquesas y playas con palmeras se ha convertido en un símbolo universal de relajación. Sin embargo, la conexión de las personas con el océano normalmente va más allá de estar un par de semanas tumbados al sol. Para muchos es un espacio espiritual. Sin embargo, hoy en día estamos acabando con esta relación de armonía. En las últimas décadas hemos llevado a los océanos a una situación de extrema fragilidad. Todos hemos visto alguno de los cientos de vídeos que corren por las redes sociales mostrando islas de basura en el mar flotando o animales heridos a causa de nuestras acciones irresponsables. Son frecuentes las imágenes de pájaros cubiertos de aceite, delfines atrapados en redes, ballenas comiendo bolsas de plástico que flotan en el mar y población nativa remando a través de montones de plástico. Me acuerdo de que hace algunos años vi horrorizada el vídeo de una tortuga con una pajita insertada en la nariz. Desde entonces juré no volver a usar pajitas de plástico y hacer todo lo posible por evitar que cosas como esta vuelvan a suceder.

basura en el mar. Parley for the Ocean
Imagen de residuos de plástico en el mar. Imagen de Giacomo Cosua cortesía de Parley for the Ocean

Las playas paradisíacas de aguas cristalinas, como las del Pacífico Sur, ahora amanecen llenas de plástico que llega flotando desde el mar. La isla Henderson, situada a miles de kilómetros de la costa de América del Sur, es considerada el lugar más contaminado del planeta, con millones de pedazos de plástico en sus playas. Los científicos han encontrado cangrejos que usan los tapones de las botellas como casa y tortugas marinas atrapadas en redes de pescar. Los trozos grandes de plástico causan muchos problemas, pero lo que sucede cuando este material se descompone en fragmentos más pequeños es quizá más preocupante. El microplástico está entrando en la cadena alimentaria, puesto que los peces lo ingieren y, en última instancia, también los humanos cuando comemos pescado. El vertido de sustancias químicas peligrosas como el mercurio y el plomo en los océanos causa un gran daño al ecosistema y afecta directamente a nuestra salud.

Sin embargo, no todo son malas noticias y hay esperanza en que este problema pueda solucionarse antes de que sea irreversible. Países y organizaciones de todo el mundo están empezando a implementar cambios, ya sea prohibiendo ciertos productos como las bolsas de plástico u organizando días de limpieza de playas. Una iniciativa que se ha expandido rápidamente por el mundo hasta superar todas las expectativas es el Ocean Clean Up group. Fundada en 2013 por un chico de dieciséis años apasionado del mar, esta organización acaba de lanzar el primer sistema de limpieza de océanos. También el mundo del diseño está respondiendo a la crisis de los océanos con colaboraciones con la industria de la moda e investigando nuevos materiales, como mis zapatillas, lo que ha aumentado la concienciación de la sociedad,

Los océanos tienen un poder inmenso y preservarlos supone todo un reto, pero vale la pena.

Los océanos tienen un poder inmenso y preservarlos supone todo un reto, pero vale la pena. Cada vez se dedican más recursos a la investigación sobre las mareas y a la energía térmica como fuentes de energía renovable y se espera que en los próximos años estos proyectos sean una realidad. Dejar de usar plástico se ha convertido también en una moda y cada vez hay más productos en el mercado con envases de otros materiales. Una de las razones por las que soy diseñadora es porque quiero desarrollar proyectos que cuestionen nuestra manera de hacer las cosas y tengan más en cuenta el medio ambiente. Espero ver también el impacto positivo que éstos tienen en los océanos.

Mirando hacia el futuro, mi esperanza es que esta acción de limpieza y concienciación continúe. Existen gran cantidad de programas, personas y productos inspiradores, que están llevando a cabo un magnífico trabajo, como Net-a-Porter, creadores de una colección de moda a partir de plástico recuperado del mar, o el Papa, quien ha hecho una llamada para limpiar los océanos entre todos. Espero que estas acciones generen cambios significativos. A pesar de que estos pequeños cambios pueden parecer insuficientes, la ola planetaria para limpiar los océanos puede llegar a ser enorme. Hace poco leí que Adidas vendió un millón de pares de zapatillas Parley for the Ocean en 2017. Sentada aquí, con estos zapatos puestos, tengo la esperanza de que las generaciones futuras no verán nunca una isla de plástico; los animales no quedarán atrapados, contaminados ni heridos a causa de nuestras acciones y podremos vivir en armonía con el océano tal como lo hemos hecho en el pasado. Por ahora tengo intención de dejar de usar pajitas de plástico, comprar champú sólido y quizá comprarme otro par de zapatillas que, además, son geniales.

Imagen principal: Bolsa de plástico flotando en el mar de Almería, España.