El incierto futuro de Nueva Orleans

Un plan de acción para rediseñar el futuro de las ciudades ribereñas

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Las últimas predicciones acerca del calentamiento global, incluidas en múltiples estudios científicos y, más concretamente, en los informes publicados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), muestran efectos diversos en zonas costeras para escenarios que contemplan incrementos de temperatura de entre 1,5 y 3 grados centígrados. La mayor parte de las tierras bajas situadas en tierra firme que se prevé quedarán sumergidas son deltas formados por los ríos en los últimos miles de años. Debido a la fertilidad de los deltas, estas áreas creadas por los ríos son zonas de gran productividad agrícola, siendo responsables de proveer alimentos a millones de habitantes del planeta. Si bien se han desarrollado tecnologías para mitigar estas deficiencias en la producción de alimentos, hoy en día no existen o no se están desarrollando suficientemente las técnicas necesarias para salvar a las ciudades situadas en los deltas.

La desaparición de la desembocadura del río Ganges afectará de lleno al núcleo metropolitano de la capital de Bangladesh, en la que residen casi 40 millones de personas. La mitad de los Países Bajos, y muchas de sus más importantes ciudades (con infraestructuras de primer nivel, como el puerto de Rotterdam o el aeropuerto de Schiphol) están amenazadas. Asimismo, la ciudad de Nueva Orleans, quizás una de las ciudades más idiosincrásicas de los Estados Unidas y situada en el delta del río Mississippi, se enfrenta a un futuro incierto.

El delta del Mississippi es uno de los mayores y mejores ejemplos del mundo de un delta dominado por un río, con el río y sus afluentes formando tierras en todo el Golfo de México durante más de 4.500 años. A diferencia de otras morfologías ribereñas en las que el río recoge la escorrentía, en este delta aluvial el río forma el terreno más alto y distribuye los sedimentos a través de un sistema de afluentes. El caudal principal de agua construye un dique natural que, en condiciones naturales, puede llegar a superar sus orillas o incluso romperse, inundando, nutriendo y creando físicamente nuevos terrenos con los sedimentos incluidos en su columna de agua.

Nueva Orleans está irremediablemente unida a sus inusuales condiciones geográficas

Situada en la parte baja del río Mississippi, inicialmente se accedía a la ciudad desde el Golfo de México a través del lago salobre Pontchartrain y de varios pantanos. Aunque llegó a ser el primer centro de comercio del continente americano a mediados del siglo XIX, hoy está muy lejos de ser una ciudad importante de los Estados Unidos.

Nueva Orleans y el delta del Mississippi se enfrentan hoy en día a retos extraordinarios. Los sistemas de mitigación de inundaciones, que consisten en diques artificiales situados en el río, han detenido la distribución de sedimentos, que en la actualidad acaban en el océano a través de la desembocadura principal, acelerando por tanto la pérdida de terrenos. La erosión costera se ve agravada por la pérdida de zonas pantanosas, que se han visto afectadas de forma crítica por el drenaje del territorio y los canales de extracción de petróleo que introducen agua salada en el ecosistema. Peor aún, el aumento del nivel del mar casi duplica la tasa relativa de subsidencia absoluta, incrementando de forma exponencial la fragilidad del deteriorado delta.

Mapa de inundación y compuertas del delta del Mississippi.
Mapa de inundación y compuertas. Imagen procesada por: Catherine E. Bateman, Danelle Martin, otoño de 2019, Investigación: “El futuro de los puertos urbanos”

Al mismo tiempo, el sector del transporte continúa transformándose. Las nuevas rutas y barcos más grandes que conectan los centros logísticos del mundo demandan una mayor conectividad y capacidad en infraestructuras. Las limitaciones de Nueva Orleans en cuanto a la accesibilidad a aguas profundas, la centralidad del transporte por carretera o las grandes bases aéreas de carga, sugieren que no es muy probable que Nueva Orleans recupere una posición de liderazgo entre las ciudades americanas. Asumiendo el declive de los sectores del petróleo y el gas, tanto por la falta de reservas como por la aparición de valores medioambientales, las orillas del bajo Mississippi podrían quedarse obsoletas desde el punto de vista industrial, y por lo tanto podrían acabar vacías. Este cambio extraordinario tiene una escala territorial. Solo en Luisiana, afectará a las áreas del estado con más población, es decir, a la mitad inferior del mismo. El cambio será incluso más crítico en zonas urbanas, donde miles de personas residen en tierras bajas, en muchos casos por debajo del nivel del mar. Adicionalmente, existen cuestiones urgentes que afectan a los seguros, la vulnerabilidad, las menores oportunidades de empleo y la equidad básica.

Un caso de estudio para el desarrollo futuro de puertos urbanos

La Escuela de Arquitectura de Tulane, junto con la universidad en su conjunto, ha estado estudiando y desarrollando propuestas para Nueva Orleans y Luisiana durante muchos años, con mayor urgencia desde que el huracán Katrina causara una catástrofe sin precedentes en 2005. Este trabajo se centra, en parte, en los retos a los que se enfrentan las pequeñas poblaciones situadas en la costa, en las comunidades que luchan por la reubicación o en la equidad social en el entorno construido en una ciudad con asombrosas desigualdades socioeconómicas, raciales y medioambientales. Uno de los proyectos de investigación de la escuela, «El futuro de los puertos: del patio trasero a la vanguardia de la ecología, la economía y el urbanismo», aborda el futuro desarrollo de Nueva Orleans a escala de ciudad.

Dirigido por Margarita Jover, un equipo interdisciplinar se ha centrado en el canal artificial de navegación situado en el interior del puerto, que es la segunda franja de tierras altas a orillas del Mississippi. La doble condición de este activo topográfico con la desocupación postindustrial de sus riberas ofrece la posibilidad de transformar un vacío urbano y un grave peligro ambiental en un territorio valioso en lo que respecta a la elevación del nivel del mar. El cambio en la orientación de la ciudad y la evolución de su huella no es solo una cuestión de beneficios socioeconómicos y medioambientales. Muchas ciudades en todo el mundo se han enfrentado a esta transformación, pero no han estado obligadas por semejante urgencia medioambiental, ni han introducido este factor en el diseño de los frentes fluviales o costeros.

En Nueva Orleans, la identificación y el uso efectivo de las áreas más adecuadas y seguras para la habitabilidad humana, al tiempo que se reformula la relación de la ciudad con los sistemas ecológicos del delta, puede resultar la base de una serie de nuevos principios que guíen el futuro de una de las ciudades más delicadas y fascinantes del mundo, y un paradigma mundial para muchas otras que se enfrentan a retos similares.

Imagen principal: Vista aérea de Nueva Orleans. Imagen: Información distribuida por «Atlas: The Louisiana Statewide GIS.» LSU CADGIS Research Laboratory, Baton Rouge, Luisiana, 2020. 

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