Comunidades urbanas vs. alquileres de corta duración

¿Cómo pueden coexistir?

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He vivido en la misma calle en el Upper East Side de Manhattan durante casi 20 años. En los últimos cuatro años he percibido un profundo cambio en mi manzana y en mi comunidad urbana. Varios bloques de apartamentos construidos en el siglo XIX han experimentado un incremento inusitado de actividad. Basura amontonada; normas de reciclaje que no son respetadas; fachada exterior descuidada; escalones desgastados e inclinados de tanta actividad; y un curioso número de candados enganchados en barandillas, puertas y en el pequeño vallado que protege a los árboles. El edificio ya había sido foco de atención con anterioridad por otra razón, ya que en uno de los apartamentos residió desde 1981 un antiguo estudiante de la Universidad de Columbia, conocido por aquel entonces como Barack Obama.

He logrado averiguar que los tres edificios, que son propiedad de una organización religiosa sin ánimo de lucro y son gestionados por ella, son utilizados para alquileres de corta duración. Lo que fue el hogar de diferentes generaciones de una misma familia, de jubilados, estudiantes, creativos y recién llegados a la ciudad, es hoy en día un flujo incesante de actividad. Las siguientes escenas se han convertido en cotidianas: idas y venidas a todas horas; maletas de gran tamaño arrastradas por las escaleras; figuras itinerantes a la espera de un taxi en la calle, fumando, gritando a sus teléfonos móviles; y toda una serie de fiestas, música alta e individuos dando traspiés. Los fines de semana registran una actividad aún mayor, y esto se traduce en un aumento de la basura que estas personas generan: cajas de los gigantes de venta online, bolsas de las grandes cadenas, restos de pizza, botellas de vino, zapatos, comida en mal estado, ventiladores rotos y latas y más latas.

Es difícil culpar al modelo alternativo de alojamiento, que ha contribuido en gran medida a expandir y modificar el turismo. Lo que era inimaginable hace unos años —proporcionar una alternativa a los hoteles caros y dar la oportunidad a los visitantes de disfrutar de la ciudad como un lugareño más— es ahora lo común. Este tipo de alojamiento ha surgido como el gran competidor del sector hotelero y ha permitido a los visitantes acceder a muchos más lugares en el mundo. Puede considerarse como un gran ecualizador: no solo existe la posibilidad de visitar más lugares gracias a los billetes baratos, también podemos experimentar lo que supone vivir en el distrito XI de París, en una remota zona de Brooklyn o incluso en Zagreb.

Short-term rental alternatives claim to help build tourism in areas needing a boost by making stays more attractive and affordable
La presencia del turismo alojado en viviendas temporales afecta a la configuración y a la convivencia en las comunidades urbanas de las distintas ciudades. @Unsplash

Cuando los primeros alquileres turísticos aparecieron en 2008, la idea en sí era bastante sencilla: abrir nuestra casa a los turistas utilizando un sofá-cama o un colchón hinchable y así ampliar nuestros horizontes. Los anfitriones recibían una módica cantidad y los huéspedes podían alojarse por un precio asequible —salvando las distancias entre los hostales y los hoteles— y en algunos casos, se hacían nuevas amistades. Hoy en día, casi diez años después, la plataforma digital ha crecido hasta convertirse en un imperio y como muchas otras startups, ha alterado de forma dramática la forma en la que vivimos, comemos, trabajamos, compramos o viajamos. La premisa basada en el alquiler ocasional de nuestra casa o apartamento se ha transformado en algo completamente diferente.

En Nueva York, por ejemplo, la ciudad ha sacado a la luz la existencia de personas que aparecían como arrendatarios con nombres y correos electrónicos falsos y que han llegado a ganar hasta 100.000 dólares al año por arrendar su apartamento como si de un hotel se tratara. Al parecer subvertir la política de “Un Anfitrión-Un Apartamento” no era difícil. En general, el modelo de negocio no ha variado pero las circunstancias en las que se basa sí lo han hecho. La ley en la ciudad de Nueva York prohíbe el alquiler de apartamentos por 30 días consecutivos o menos, a menos que el arrendatario esté presente. El objetivo de esta norma es proteger la base de las viviendas asequibles, que están en riesgo de ser arrendadas por un corto período de tiempo con un beneficio mucho mayor.  La ciudad ha creado un grupo de trabajo dedicado a este menester y a principios de año, un juez federal bloqueó la aplicación de una ley que hubiera requerido que los servicios de intercambio de casas proporcionaran información sobre sus listados, así como los nombres y direcciones de los anfitriones.

Las alternativas de alquiler de corta duración pretenden contribuir a incrementar el turismo en áreas que necesitan un impulso, dotando a las estancias de un mayor atractivo a mejores precios. En el lado opuesto, los políticos y residentes sostienen que los inquilinos de larga duración están en desventaja, con una oferta cada vez más limitada de apartamentos y con alquileres cada vez más altos en las zonas donde existe un mayor índice de alquileres vacacionales.

Nueva York no es ni mucho menos un caso aislado; Los Ángeles, París, Ámsterdam y Vancouver han aprobado leyes para restringir este tipo de arrendamientos y otras ciudades están teniendo verdaderas dificultades. En España, Barcelona exige licencias para los alquileres de tipo turístico y ha dejado de conceder licencias nuevas, y Palma de Mallorca ha decidido prohibir los alquileres entre particulares.

En mis viajes por el país y al extranjero, he utilizado plataformas digitales de alojamiento en varias ocasiones. Pero en los casos de Nueva Orleans o Sevilla, por poner un ejemplo, el propietario o bien vivía en el piso de al lado o una planta más arriba.

Ownership and rentals in New York were difficult enough before short-term rentals had entered the picture, but now things are even more complex
Es un reto para la convivencia en las distintas comunidades urbanas la aparición del turismo alojado en viviendas temporales. @Unsplash

En mi opinión, el riesgo que corremos con este modelo de negocio es que los vecindarios están perdiendo su sentido de individualidad y comunidad urbana. Es el caso de muchos destinos preferidos por los turistas que ahora se ven invadidos por el «sobreturismo» en temporada alta, alcanzando cifras récord de visitantes. Pero lo que hace especiales a nuestras ciudades es que son atendidas y representadas por personas que viven y trabajan allí —profesores, enfermeras y cuidadores, policías y bomberos, artistas, arquitectos y funcionarios, así como profesionales de la publicidad, del sector financiero y legal y, por supuesto, empleados de las startups tecnológicas.  Los arrendamientos y la propiedad en Nueva York ya eran lo suficientemente complicados antes de que estos perturbadores a corto plazo aparecieran en escena, pero en la actualidad las cosas son mucho más complejas.

Todo lo que puedo decir es que, en relación con este sentimiento de pérdida de comunidad, intento ser lo más respetuosa posible cuando viajo al extranjero, y espero lo mejor para las personas que viven en mi ciudad y en mi calle.

Es complicado pasar por estos edificios cada día. Parece como si la ley se estuviera incumpliendo abiertamente ya que dudo mucho que la organización sin ánimo de lucro que gestiona el edificio haya declarado que está alquilando apartamentos como alojamientos provisionales y por supuesto no estará abonando los correspondientes impuestos a la ciudad.

Una vez dicho esto, y sin importar dónde vivamos o de dónde vengamos, existen una serie de cualidades innegablemente positivas a las que debemos aspirar: menos estrés, menos ruido, menos basura, conocer y respetar a los vecinos y sentirse seguro y a gusto en casa. Debe existir un equilibrio entre los alquileres turísticos y los de larga duración. Queda pendiente una ley que beneficie a ambas partes, así como determinar cómo deben ser reguladas y aplicadas estas políticas. No tengo claro qué pasos deben tomarse; pero esta conversación solo acaba de empezar.

Imagen principal: Vista de Manhattan desde Williamsburg. Imagen Unsplash