El lujo de la artesanía

¿Puede una nueva generación de diseñadores cambiar nuestra percepción de los materiales y transformar el sector de la artesanía?

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La definición del lujo depende del contexto. En algunos lugares del mundo el acceso al agua corriente y a la electricidad puede ser considerado un lujo, mientras que en otras regiones este se mide por el tamaño del yate que has adquirido. Para muchos de nosotros, el tiempo que pasamos lejos de una pantalla o de las redes sociales es nuestro mayor lujo. De lo que no cabe duda es que en los últimos tiempos se ha abusado de este término, ya que se aplica tanto a apartamentos de una sola cama en anónimas promociones de viviendas como al papel higiénico acolchado.

Pero ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Como apunta de forma acertada el escritor y economista Paul Mason, su significado cambió realmente a finales de la década de los 80 cuando los productos fabricados de forma industrial comenzaron a funcionar correctamente; en otras palabras, cuando encendías el motor de tu pequeño utilitario y este arrancaba siempre, incluso en las mañanas más gélidas. «De pronto», escribió, «no era necesario pagar una suma enorme por una marca de lujo sólo por funcionalidad: en el futuro ese desembolso adicional únicamente lo realizarías para obtener un cierto estatus». Y en ese momento el lujo se convirtió en el producto de los comerciales de venta que emitían y controlaban «el mensaje». Cuando las nuevas economías del Este descubrieron el capitalismo y lo abrazaron con entusiasmo, se produjo verdaderamente el nacimiento de la cultura de la ostentación.

He mencionado esto porque la semana pasada fui al taller Blackhorse Lane Ateliers, situado en Walthamstow, Londres. Creado por Han Ates en 2016, la empresa fábrica (según su página web) los mejores pantalones vaqueros del mundo. Así que ¿por qué este producto es mucho mejor que el que puedes comprar en las grandes cadenas de ropa? Según Ates, esto se debe al dominio de la sastrería y la confección por parte de sus empleados y al elevado cuidado que cada artesano pone en su trabajo. Según sus cálculos, un par de vaqueros fabricados industrialmente están listos en unos 18 minutos, mientas que los de Blackhorse Lane requieren un trabajo de más de cuatro horas, realizando 24 operaciones diferentes y utilizando 12 piezas de maquinaria.

Blackhorse Lane Studio. Photo © Carmel King
Blackhorse Lane Studio. Imagen © Carmel King

El resultado final es extraordinario y quizás incluso contenga ecos del diseñador, artesano y reformador social Wiliam Morris, el cual vivió en esta zona de 1848 a 1856 y criticó con dureza los efectos deshumanizadores de la industria. Los vaqueros parecen un artículo de lujo. Lo importante es que esto no se debe a la marca sino a la procedencia y artesanía del producto. El hecho de que la empresa también anime a los consumidores a comprar menos y que realice arreglos gratis significa que encaja a la perfección en el espíritu sostenible.

Mientras volvía a la estación de metro comprendí que aquí podíamos encontrar algunos indicios de la dirección que tomará el lujo en el futuro. Por ejemplo, Blackhorse Lane Ateliers es extraordinariamente transparente (algo que no caracteriza a las marcas globales). Es posible acudir al taller sin cita previa; allí informarán al cliente de qué distancia ha recorrido el tejido con el que se fabricarán sus futuros pantalones para que este decida si está de acuerdo con la huella de carbono; los empleados reciben acciones de la compañía para que todos se sientan involucrados en la misma. Asimismo, Ates está dispuesto a conectar con la comunidad local y abre un restaurante efímero en el edificio todos los fines de semana.

La artesanía ha tenido durante mucho tiempo una relación ambivalente con el lujo. La crítica de Morris se basaba en que el socialismo que él apoyaba no tenía reflejo en los productos que diseñaba, ya que estos solo podían ser adquiridos por los más pudientes. Es una contradicción que gran parte del mundo de la artesanía no ha podido asimilar. Si bien el lujo se basa en la maestría del trabajo laborioso, muchos artesanos se resisten al montaje de marketing, branding y relaciones públicas que en la actualidad van unidos al sector.

El New Jewellery Movement (corriente en el mundo de la joyería así denominada por los autores Ralph Turner y Peter Dormer) de finales de los 60 y principios de los 70 puede considerarse un movimiento reaccionario. Evitaba los materiales que tradicionalmente se consideraban lujosos y caros, como el oro y la plata, y en su lugar creaba piezas de aluminio y acrílico. Bernhard Schobinger, por ejemplo, utilizó objetos que encontraba en su trabajo, incluyendo (de manera sorprendente) tijeras y fragmentos de botellas rotas. Se trató de una corriente que encontró valor en lo ubicuo, tal como hace Ates.

Tureen. Photo © James Shaw Studio
Tureen. Imagen © James Shaw Studio

En muchos aspectos, estos primeros creadores y artistas anticiparon las preocupaciones de una generación de diseñadores que se han graduado en la última década, justo cuando el mundo entraba en su crisis ecológica. El trabajo de artistas como James Shaw y Silo Studio intenta modificar la percepción que tenemos del plástico, transformando un material cada vez más denostado en algo que valoramos, en vez de utilizarlo una sola vez y enterrarlo. Bethan Laura Wood ha logrado algo similar con el laminado. Por otro lado, el proyecto Merdacotta, ideado por Gianantonio Locatelli, transforma el estiércol de vaca en una serie de productos y varios diseñadores están estudiando las posibilidades que ofrecen las setas para crear artículos tan dispares como sillas o embalaje.

¿Es posible que la artesanía transforme la manera en que percibimos el lujo? ¿Puede nuestra percepción del valor verse radicalmente alterada? ¿Es la empresa de Han Ates un presagio de lo que está por llegar? ¿Lograremos deshacernos (de manera sostenible) de la cultura de la ostentación? Sería maravilloso pensar que sí, pero perdonadme si espero sentado.

Imagen principal: Hardrock side, obra de Bethan Laura Wood. Imagen © Ellis Scott 

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