Hacia el supermercado sin plástico

¿Es realmente viable un comercio que no genere residuos?

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Mi abuela hacía la compra llevando cestas, hueveras y botellas para rellenar. Para mi madre, fue un alivio comprar los productos envasados de forma duradera. Yo, ahora, me desespero cada vez que regreso del supermercado con más plástico que alimento.

El plástico, un material que ha revolucionado durante las últimas generaciones la manera en que compramos, consumimos y conservamos la comida, se ha convertido en un problema de grandes dimensiones.

Actualmente producimos más de 8.000 millones de toneladas de plástico, el 40 por ciento del cual se utiliza como embalaje, y la mitad de este, de comida y bebida.

Un uso abusivo con un impacto ambiental enorme: el 90 por ciento de este plástico tardará más de 500 años en descomponerse y el 10 por ciento restante se reciclará en sistemas que todavía no son del todo eficientes.

La situación es alarmante y por ello, desde hace un tiempo, está teniendo lugar una búsqueda incesante de soluciones para un consumo responsable: nuevos materiales de embalaje, iniciativas de consumo alternativo y modelos de compra que incitan a un cambio de hábitos.

Así es como aparecieron los supermercados “cero residuos”, o de venta a granel, establecimientos en los que el comprador puede rellenar sus propios envases o los proporcionados por la tienda, por descontado, reciclables. Recuperando la manera de comprar de nuestras abuelas, estas tiendas han conectado con un consumidor preocupado por el derroche de residuos, el medioambiente y la salud, ya que la mayoría de los productos que venden son orgánicos.

El éxito de la fórmula, que se traduce en la apertura de nuevos establecimientos en países como Alemania, Francia, Bélgica y España, sigue siendo, sin embargo, un concepto de nicho. En otros lugares en los que el segmento de clientes no es lo suficientemente amplio, el modelo fracasa.

Stores without plastic containers to promote eco friendly consumption
Tienda ‘cero residuos’ en los Países Bajos. Imagen cortesía de Unverpacket

Ocurrió en los Países Bajos, donde, de la decena de tiendas que se inauguraron hace unos años, sólo se mantienen abiertas un par, diferenciadas por ofrecer productos muy especializados de alta gama. “Es un modelo que exige un cambio en los hábitos de consumo y si esto no ocurre, no salen los números” explica Jeroen Scharma, antiguo propietario de una tienda de venta a granel en Leiden que cerró hace unos meses. “Mucha gente nos apoyaba ideológicamente, pero a la hora de la verdad, compraban muy poco” añade.

Los argumentos a favor son múltiples: compras realmente lo que necesitas, transparencia total en el producto, no hay gastos superfluos de embalaje, haces un consumo responsable y además proteges el medioambiente. Pero eso no es suficiente. “El producto tiene que ser de muy buena calidad y estar bien conservado para justificar un precio más elevado”, comenta Björn van Dongen, director de la tienda vom Fass en La Haya, una tienda especializada en la venta a granel de aceite y vinagre, vinos y licores.

En contra de este modelo han surgido voces que alertan sobre la presión ambiental ejercida por el lavado de los envases y añaden que, en determinadas ocasiones, la opción del embalaje sigue siendo la más ecológica. Es el caso controvertido de los pepinos: envueltos en plástico duran tres veces más que sin envoltura.

Las organizaciones que lideran el movimiento anti plástico no han dejado de buscar alternativas. Si el supermercado cero residuos no es la solución perfecta para todo el mundo, ¿por qué no imaginar un supermercado sin plástico? El proyecto fue ideado por la organización británica A Plastic Planet, quien junto con su homóloga holandesa Plastic Soup Foundation y la cadena de supermercados ecológicos Ecoplaza, crearon el primer supermercado libre de plásticos. Lo que empezó siendo un pop up store en Ámsterdam con 800 productos a la venta consiguió tener continuidad, y actualmente, en cada uno de los 75 establecimientos de la cadena se pueden comprar más de 1.500 productos libres de plástico. O, lo que es lo mismo, envasados en vidrio, cartón, metal o bioplástico, un material con la misma apariencia y prestaciones que el plástico, pero biodegradable.

Buying food without plastic containers is a key for an eco friendly consumption
Tienda de la cadena holandesa de comida ecológica Ecoplaza. Alamy stock photo

“Estamos en una fase inicial, generando conocimiento y conciencia en el comprador, pues aún son pocas las personas que vienen aquí específicamente por los productos sin plástico” explica Rutger Koene, director de uno de los establecimientos Ecoplaza en La Haya.

Desconocimiento, sorpresa y entusiasmo son algunas de las reacciones de los compradores. “Por primera vez me doy cuenta de que este embalaje no es de plástico y me parece una gran iniciativa” explica Monique, una clienta eventual del supermercado que se decanta por los productos que respetan el medioambiente y la salud. Sin embargo, algunos todavía supeditan su elección al precio. “Prefiero comprar sin plástico, me parece más saludable y fresco, pero si es mucho más caro, me decanto por el envase de plástico” explica Akkia, otro cliente habitual del establecimiento.

“El cambio de mentalidad no sólo está ocurriendo a nivel del comprador, sino también de las marcas productoras que ven la necesidad de adaptar su material de embalaje a la competencia” añade el director del establecimiento.

Según la empresa, la siguiente fase es aumentar el volumen de ventas para que el precio de los envases sin plástico no tenga que ser superior. Es decir, pasar de ser una alternativa para una minoría a una tendencia adoptada incluso por las grandes cadenas de supermercados.

En esa dirección trabajan las organizaciones que idearon el proyecto, sin olvidar otros aspectos a mejorar. “Es imprescindible aclarar las normativas de reciclaje y crear metodologías que hagan posible el compostaje del bioplástico de forma más sencilla” explica Harmen Spek, responsable de Innovaciones y Soluciones de Plastic Soup Foundation.

Son los primeros pasos minoritarios y experimentales hacia un consumo responsable y sin plástico, pero indispensables si no queremos que las generaciones futuras nos pregunten acusatoriamente: ¿cómo dejasteis que esto ocurriera?

Imagen principal: Exposición del Museo del Diseño de Londres a cargo de A Plastic Planet para Ecoplaza. Alamy stock photo