La participación del arquitecto o Cuando el arquitecto es el que participa

Cómo lograr un mayor impacto mediante una arquitectura colaborativa

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“Hay un entorno urbanizado que tiene sus propias leyes, una entidad muy compleja que ha existido durante miles de años. (…) Así que estamos hablando de la intervención y participación del arquitecto en el entorno urbanizado, no de la participación de las personas en el trabajo del arquitecto.” – John Habrakan

En 2007, el Smithsonian Cooper-Hewitt Design Museum presentó la exposición itinerante Design for the other 90% (Diseño para el 90% restante). Por la misma época, en la conferencia de diseño de Aspen, Paul Polak afirmaba que «el 90% de los diseñadores del mundo dedican todo su tiempo a satisfacer las necesidades del 10% de los clientes más ricos». En la actualidad, más de 10 años después, ¿qué hemos aprendido y qué hemos cambiado?

Los grandes avances en tecnología han transformado por completo la manera de diseñar y construir. Desde la revolución industrial, la humanidad se ha ido centrando cada vez más en las máquinas y ha establecido una cadena de oferta y demanda con un énfasis cada vez mayor en la eficiencia y el beneficio mediante la generación de nuevos productos y servicios. Pero en nuestro incansable afán de crecimiento, hemos perdido la perspectiva del factor humano.

Sin embargo, durante los últimos diez años, se ha ido produciendo un estimulante cambio de paradigma en el campo de la arquitectura y el desarrollo. Estamos ante una nueva era de la arquitectura y el desarrollo en que los arquitectos participan en el trabajo de las personas, en lugar de pedirles a los usuarios que participen en el trabajo de los arquitectos. Así, se produce un desplazamiento del enfoque desde la tecnología hacia las relaciones humanas, desde el beneficio económico particular hacia el bienestar colectivo. De ahí que un creciente número de arquitectos y diseñadores aspiren a mejorar las condiciones de vida de los más desfavorecidos.

“Estamos ante una nueva era de la arquitectura y el desarrollo en que los arquitectos participan en el trabajo de las personas, en lugar de pedirles a los usuarios que participen en el trabajo de los arquitectos.”

Es evidente que hay menos recursos económicos disponibles para ese 90% restante, aunque ha surgido una nueva generación de arquitectos comprometida con la tarea de ofrecer soluciones radicalmente asequibles. Su estrategia empodera a comunidades marginadas para que satisfagan sus necesidades partiendo de sus propias condiciones, provocando así el máximo impacto social con una mínima cantidad de recursos.

Presupuesto limitado, potencial ilimitado

Un ejemplo de ello es el Farmers’ Innovation Center (centro de innovación campesina) en Angangba, una remota aldea en el corazón del estado de Nagaland, en la India. Concebido por un equipo de arquitectos y un emprendedor social de la Better Life Foundation (BLF), el edificio funciona como museo de las innovaciones comunitarias y como centro de divulgación de conocimiento regional y global. Al tratarse de una iniciativa comunitaria desarrollada conjuntamente con los arquitectos y el emprendedor sin obligaciones económicas, el modelo cliente-diseñador carece de vigencia.

This project development was a co-creation with local masons, bamboo artisans, and community members that collaborated by gathering materials and funding resources in a bottom-up approach
En el rincón más remoto de Nagaland, el Farmers’ Innovation Center (centro de innovación campesina) representa un oasis social para las comunidades de agricultores repartidas por el valle. La galería de innovaciones, la biblioteca y la zona de demostraciones se encuentran en el recinto del nivel inferior, mientras que la amplia terraza semiabierta del nivel superior, con vistas sobre el extenso valle, sirve de zona de reunión social. Foto de Aishwarya Vidhya Raghunath.

El desarrollo del proyecto fue llevado a cabo conjuntamente con albañiles locales, artesanos del bambú y miembros de la comunidad que colaboraron en reunir materiales y recaudar fondos. El proceso de construcción dio lugar a una relación de confianza e implicación entre expertos e inexpertos, y se pudo concluir gracias a una campaña de micro mecenazgo que reunió 3.000$ de los 9.000$ que costaba la obra.

Una vez terminada, plataformas online como NotOnMap contribuyeron a dar a conocer el centro como destino de agro-ecoturismo, convirtiéndose no solo en el orgullo de toda la comunidad local, sino también en foco de atracción de activistas y voluntarios para participar en el desarrollo proyectos de desarrollo sustentable de en esta remota región, a través de las actividades de la BLF y del centro de innovaciones campesinas.

Villagers and architects work together on the design of Al Borde’s Escuela Nueva Esperanza, a bottom-up approach project
Lugareños y arquitectos colaboran en el diseño de la Escuela Nueva Esperanza, de Al Borde. Foto de Esteban Cadena

Otro pionero de este modelo participativo es Al Borde, un colectivo de cuatro arquitectos con sede en Ecuador que proporciona soluciones asequibles tanto a clientes de pago como a comunidades desfavorecidas. Los proyectos de Al Borde, inspirados en fomentar y consolidar las relaciones humanas, a menudo se convierten en laboratorios vivientes en los que todos los participantes intercambian conocimiento, desde los artesanos locales hasta los miembros de las familias. En un reciente artículo en la revista Domus, Al Borde explicaba que «cuando la gente tiene la oportunidad de participar en un proceso de toma de decisiones relacionado con su entorno vital, se transforma en una comunidad muy comprometida y participativa».

Uno de sus primeros proyectos, la Escuela Nueva Esperanza, sigue constituyendo un vivo ejemplo de ello. Enclavada en una aldea de pescadores, el proyecto se inició tras una larga conversación en el curso de la cual los arquitectos lograron la confianza y el acuerdo de la comunidad. La falta de recursos financieros obligó a los arquitectos a basarse en unos métodos de construcción de muy baja tecnología, pero sumamente innovadores. A través de este proceso, los lugareños no solo se familiarizaron con materiales y técnicas de construcción que actualmente pueden utilizar por su cuenta, sino que también adquirieron el impulso necesario para desarrollar sus propias visiones sobre cómo prosperar como comunidad.

The various design stages of the Escuela Nueva Esperanza involved an equal participation of architects and community members in a bottom-up approach challenge
Las diferentes etapas del diseño de la Escuela Nueva Esperanza supusieron la participación equitativa de arquitectos y miembros de la comunidad. Foto cortesía de Al Borde

Proyectos como estos demuestran que el compromiso tanto de arquitectos como de comunidades, con una visión compartida, es clave para superar la escasez de recursos financieros. Este enfoque de abajo hacia arriba desafía la noción de arquitecto experto frente al beneficiario pasivo a través de un proceso participativo de planificación y construcción en el que todos los participantes aprenden unos de otros. Cuando tienen éxito, los proyectos a pequeña escala no solo mejoran la vida de un determinado lugar, sino que tienen el potencial de producir un efecto dominó capaz de favorecer un desarrollo a mayor escala.

Cuantos más arquitectos, diseñadores, entidades y empresas participen en la realización de los sueños del 90% restante, mayores serán las posibilidades de liberar el increíble potencial del desarrollo de abajo hacia arriba, no solo para comunidades de países en vía de desarrollo, sino para cualquier comunidad que quiera tomar la iniciativa de mejorar su entorno construido.

Imagen principal: La Escuela Nueva Esperanza, diseñada por Al Borde implicando a la comunidad, es un proyecto en proceso que se inició en 2009 y sigue en marcha en la actualidad. Foto de Esteban Cadena.

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