Por qué los arquitectos son esenciales en un mundo digital

Una reflexión sobre el papel del arquitecto frente a las extraordinarias capacidades de las herramientas digitales

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Mientras que los arquitectos siempre anhelarán tener un cuaderno de notas o una escuadra, hoy en día tenemos acceso a un conjunto estándar de herramientas utilizadas para diseñar un edificio a través del teclado de un ordenador.

Los primeros en llegar fueron el CAD y las imágenes generadas por ordenador y en la actualidad, algunos estudios como NBBJ disponen de un departamento digital centrado en estudiar aspectos como la realidad virtual o las herramientas de código abierto y en desarrollar herramientas interactivas personalizadas que analizan y visualizan la información al mismo tiempo. La transformación digital más conocida se ha producido a través de BIM (Building Information Modelling por sus siglas en inglés). Este es el estándar en la actualidad, y tres cuartas partes de los encuestados (una mezcla de arquitectos, ingenieros, diseñadores y contratistas) en el informe nacional BIM del Reino Unido declaran “conocer y utilizar” el software, mientras que solo un 1% confiesa desconocer su existencia.

Sin duda, BIM ha revolucionado la manera en que se calcula y comparte la información sobre el trabajo, los materiales, los plazos y los costes entre las partes interesadas. Y es fácil ver cómo los clientes —interesados en la ingeniería de costos y en el cumplimiento de los plazos— pueden llegar a pensar que si los algoritmos para construir un edificio en plazo y cumpliendo el presupuesto son tan válidos, ¿para qué preocuparse por los humanos que proporcionaron la información? En una época en que las habitaciones de una vivienda pueden ser planificadas utilizando un casco de RV, ¿es posible extrapolar esto y determinar que los arquitectos acabarán siendo un bien de lujo, como un traje a medida en el mundo del prêt-à-porter?

Existen diferentes contraargumentos frente a esto. En primer lugar se encuentra el principio GIGO, que determina que la calidad del análisis de datos dependerá de la calidad de la información que hayamos introducido en el mismo. Los arquitectos tienen la obligación profesional de continuar desarrollando sus conocimientos de los productos y procesos, lo que significa que deben disponer de información actualizada sobre las formas más rápidas, eficientes, rentables y tecnológicamente avanzadas de diseñar edificios que podrían tener un impacto positivo en la satisfacción de un cliente.

En segundo lugar, la recopilación de datos, como el software de optimización de espacios que rastrea cómo y dónde se mueven las personas, utilizado normalmente en los lugares de trabajo para calcular la cantidad de salas de reuniones y cocinas, e incluso la temperatura y nivel de iluminación preferidos por las personas, tiene sus limitaciones. Existen matices de comportamiento que solo es posible obtener preguntando al conserje o colocando observadores humanos en el terreno para determinar por qué una zona de descanso para empleados no se utiliza o las razones por las que las personas prefieren reunirse en un espacio determinado.

Los arquitectos son antropólogos espaciales, preparados para comprender las percepciones y los comportamientos humanos. Esta es la razón por la que los estudios de arquitectura siguen estando llenos de catálogos de pavimentos, telas y piezas metálicas. Saben que los huéspedes de los hoteles prefieren las cualidades táctiles de un interruptor frente a un iPad; un pomo de latón en la puerta al tacto de un botón y la veta de un bloque de madera sólido como mostrador de recepción a un check-in virtual. Los arquitectos saben que un entorno lleno de color ayuda a los pacientes de un hospital a recuperarse antes y que las personas que trabajan en una oficina con luz natural son más felices y productivas.

Existen frecuentes encuestas que muestran que la tecnología incrementa la soledad y nos convierte en seres menos activos, ya que el atractivo de una pantalla es preferible a salir de nuestros hogares e interactuar en la vida real. Un algoritmo puede calcular la forma más rentable y precisa de construir una sala de conciertos, pero un arquitecto, como ser humano pensante y con sentimientos, dará énfasis a la fuerza de los graves o a las notas altas de una sinfonía. La experiencia es algo que no puedes medir en una cuadrícula. Es el elemento «sexo, drogas y rock and roll», según el arquitecto Yorgo Lykouria. Es el antídoto de la tecnología. Es necesario para enriquecer nuestras vidas.

The Bower, London, AHMM. Photo © Tim Soa
The Bower, Londres, AHMM. Imagen © Tim Soar

Los arquitectos son capaces de expresar un edificio más allá del código binario y mucho más allá de sus cuatro paredes. Simon Allford, uno de los fundadores del estudio AHMM, habla de «la idea decimonónica de una ciudad que imita a la naturaleza; capturando una Arcadia rural inventada y paralela. Los espacios intermedios se convierten en fragmentos artificiales de lo bucólico, creando una versión diferente de las relaciones entre los habitantes de la ciudad».

Esto se puede apreciar en proyectos llevados a cabo por AHMM como The Bower, en Londres, donde además de espacios comerciales y oficinas, existe una zona de paso ajardinada, una forma mucho más agradable de pasar por esta zona que la ruidosa calle peatonal que circunda la congestionada rotonda de Old Street. ¿Habría sido capaz un complejo sistema de modelización de concebir este espacio público tan necesario? Yo diría que no.

La digitalización en el mundo de la arquitectura ha llegado para quedarse, pero los arquitectos tienen muchas cualidades que los convierten en parte esencial del diseño de edificios en el futuro.

Imagen principal: Hackathon, NBBJ. Imagen © Sean Airhart

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