Arquitectura es cooperación La arquitectura como herramienta de justicia global: solidaridad, sostenibilidad, transformación 29-06-25 ¿Quién rige la arquitectura? Futuro Verónica Sánchez Carrera Josep Ferrando Twitter Facebook LinkedIn Pinterest Email La cooperación internacional al desarrollo constituye una de las formas más significativas de solidaridad entre los seres humanos en un mundo profundamente interdependiente y, al mismo tiempo, marcado por desigualdades estructurales. Lejos de ser un gesto voluntarista o meramente altruista, representa una herramienta esencial de justicia global, mediante la cual los Estados, las organizaciones de la sociedad civil, las instituciones académicas y las propias comunidades articulan acciones orientadas a mejorar las condiciones de vida de las poblaciones más vulnerables, tanto en el ámbito económico como en el social, político, ambiental y cultural. En este sentido, la cooperación internacional debe entenderse como una respuesta ética y política ante las desigualdades históricas y contemporáneas que afectan a millones de personas en todo el planeta. A través del diálogo, la transferencia de conocimientos, la movilización de recursos y el trabajo conjunto en proyectos concretos, se busca contribuir a un desarrollo humano sostenible, inclusivo y equitativo. Los contextos en los que se despliegan estas acciones suelen estar marcados por las consecuencias de conflictos armados, crisis humanitarias, pobreza extrema, migraciones forzadas, deterioro ambiental y otras manifestaciones de exclusión sistémica. Hospital de campaña, Deir Al Balah, Gaza, 2024, Médicos sin Fronteras (MSF). Foto © MSF Las fracturas de la historia –marcadas por procesos como la colonización, la esclavitud, las guerras mundiales y la imposición de modelos económicos extractivistas– junto con las decisiones políticas, sociales y económicas que hemos tomado en el presente, han configurado un orden mundial profundamente asimétrico. En él, la prosperidad y el acceso a los derechos coexisten con la miseria, la inseguridad y la carencia estructural, pero lo hacen en espacios muy diferentes y a menudo inconexos dentro de nuestra casa común: el planeta Tierra. Esta convivencia desigual de realidades tan dispares no es fruto del azar, sino de relaciones de poder históricas que siguen reproduciéndose y que requieren ser confrontadas desde la justicia y la corresponsabilidad. Mientras millones de personas en los cinco continentes alzan la voz y se organizan para transformar estas realidades, los proyectos de cooperación al desarrollo intentan aportar soluciones concretas a las necesidades que plantea la lucha diaria por la supervivencia, la dignidad y la equidad. Estas iniciativas abarcan múltiples áreas –desde la seguridad alimentaria y el acceso al agua potable hasta la educación, la salud, la protección ambiental y la promoción de los derechos humanos– y se desarrollan gracias a la articulación de múltiples actores: gobiernos, organismos internacionales, ONGD, universidades, cooperativas, asociaciones locales y, sobre todo, las comunidades destinatarias, que desempeñan un rol activo y protagónico. Graves inundaciones en Gatumba, Burundi. Foto © Organización Internacional para las Migraciones (OIM) En el caso de España, existe una sólida red de cooperación descentralizada, compuesta por comunidades autónomas, ayuntamientos, universidades, organizaciones no gubernamentales y profesionales comprometidos con el desarrollo sostenible. Esta red, con el respaldo de financiación tanto pública como privada, colabora activamente con comunidades e instituciones de diversos países del Sur Global para enfrentar desafíos urgentes, como el acceso a una vivienda digna, a servicios básicos y a oportunidades de desarrollo que siguen estando fuera del alcance de millones de personas. La cooperación española se distingue por su enfoque de derechos, su apuesta por la equidad de género, la sostenibilidad ambiental y el fortalecimiento institucional. Dentro de este marco, disciplinas como la arquitectura, el urbanismo y la ingeniería adquieren una relevancia particular. El diseño participativo de espacios públicos, la planificación de asentamientos sostenibles, la mejora de infraestructuras básicas o la recuperación de viviendas en contextos post-conflicto son solo algunos ejemplos del impacto que puede tener la cooperación técnica en la vida cotidiana de las personas. La exposición Arquitectura es Cooperación visibiliza una selección de proyectos ejemplares en los que arquitectos, arquitectas, técnicos y técnicas de cooperación han trabajado de la mano con comunidades locales para mejorar su entorno, sus viviendas y, en última instancia, su calidad de vida, incluso en condiciones de gran adversidad. Rehabilitación del ksar Ouled Driss, Oasis de M’hamid, Marruecos, Terrachidia. Foto © Terrachidia Es importante señalar que la cooperación internacional no debe entenderse como un acto de generosidad unilateral de los países industrializados hacia aquellos considerados «menos desarrollados». Esa visión paternalista ha sido ampliamente superada por los enfoques actuales que conciben la cooperación como un proceso horizontal, participativo y basado en la reciprocidad, el respeto mutuo y el aprendizaje compartido. En este marco, la cooperación es un llamado a la conciencia y a la responsabilidad global. Supone reconocer la dignidad inherente de todo ser humano y entender que un mundo desigual, violento y fragmentado no solo es insostenible, sino también inaceptable desde cualquier perspectiva ética. Los proyectos de cooperación, cuando están bien diseñados y ejecutados de manera participativa, tienen el potencial de mejorar significativamente las condiciones de vida de millones de personas. Sin embargo, no pueden, por sí solos, revertir las causas estructurales de la desigualdad global. La transformación profunda del sistema internacional, de sus reglas económicas, de sus formas de gobernanza y de sus prioridades políticas es una tarea que interpela a todos los actores sociales. Requiere cambios a nivel institucional, pero también cultural: implica revisar críticamente nuestros estilos de vida, nuestros patrones de consumo, nuestras relaciones con el medio ambiente y nuestras formas de vinculación con los demás. Reparación y mejora de viviendas en el campo de refugiados rohinyá, Cox's Bazar, Bangladés, 2024 en curso, Hábitat para la Humanidad. Foto © Hábitat para la Humanidad. En definitiva, la cooperación internacional es mucho más que una herramienta técnica de desarrollo. Es una manifestación de humanidad compartida, una apuesta por el bien común y una práctica concreta de justicia global. En un mundo cada vez más interconectado, los problemas globales –como el cambio climático, las migraciones forzadas, las pandemias, el hambre o los conflictos– no conocen fronteras. La cooperación se convierte entonces en una necesidad, no solo por solidaridad, sino también por responsabilidad colectiva. Solo desde una ética del cuidado mutuo, del reconocimiento y de la cooperación, podremos construir un futuro verdaderamente justo, inclusivo y sostenible para todas las personas, en todos los lugares del planeta. Imagen principal: Centro de desarrollo productivo comunitario Las Tejedoras, Chongón, Ecuador, 2023, Bamba Studio, Natura Futura. Foto © JAG Studio