Construir con lo que tenemos Hacia una arquitectura universal 12-01-26 Conservando los recursos Nuestro futuro compartido Mundo sostenible social impact technology innovation sustainability environment construction housing Verónica Villate Twitter Facebook LinkedIn Pinterest Email Este artículo pertenece al archivo de Roca Gallery. Se publicó por primera vez en abril de 2024. Hoy en día, cuando se habla de arquitectura sostenible, lo primero que pensamos es en materiales de alta tecnología, certificaciones ecológicas y costosos sistemas constructivos. Sin embargo, es difícil hablar de sostenibilidad si solo unos pocos pueden costearla. Creo que la arquitectura debe responder a su contexto y aprovechar los recursos disponibles. Desde el inicio, en Mínimo Común, nos hemos enfrentado a desafíos que nos han obligado a repensar la manera en que construimos, buscando siempre transformar los procesos para generar soluciones diferentes. Nuestra historia comenzó con un proyecto en el que el desafío principal fue reutilizar al máximo los materiales procedentes de la demolición de una vivienda. En lugar de ver los escombros como desechos, decidimos aprovechar cada elemento posible. Lo que parecía una limitación se convirtió en una oportunidad para experimentar nuevas formas de construcción y nos dejó una enseñanza clave: todo proyecto es el resultado de aciertos y errores que vamos descartando o reafirmando en el camino. Casa Ana, Asunción, Paraguay, 2016, Mínimo Común Arquitectura. Foto © Federico Cairoli Desde entonces, nuestro trabajo ha sido un proceso continuo de exploración. Entendimos que la arquitectura no debe depender de materiales específicos, sino del ingenio con el que se los ejecuta. Lo importante no es qué se usa, sino cómo se usa. La solución está en el lugar... Uno de los proyectos que marcó nuestra búsqueda de nuevas estrategias se ubica a 350 kilómetros de la capital, en una zona donde acceder a materiales de construcción era un problema. Transportar elementos desde la ciudad era inviable, lo que nos obligó a mirar lo que teníamos a nuestro alrededor: la tierra. Fabricamos nuestros propios ladrillos con la tierra del lugar, reduciendo costes y evitando el transporte de materiales. Con estos ladrillos construimos las oficinas, pero a la vez pensábamos como responder a una de las necesidades de los usuarios: el proyecto debía integrarse al paisaje y, al mismo tiempo, garantizar privacidad. Oficina Nordeste Curuguaty, Paraguay, 2021, Mínimo Común Arquitectura. Foto © Daniel Ojeda Para resolverlo, diseñamos una envolvente con los mismos ladrillos, pero esta vez sin cemento. Esto permitió que, con la acción del agua, los ladrillos se disolvieran, devolviendo la materia al suelo y dejando solo el negativo de los muros. Lo que en principio fue una solución constructiva se convirtió en una estrategia climática y espacial: la envolvente protegía del sol, generaba sombra y, al mismo tiempo, permitía mantener contacto visual con el paisaje sin perder resguardo. Este fue nuestro primer acercamiento a la construcción con tierra y una confirmación de que para lograr una construcción más justa y de mejor calidad, debemos transformar los procesos constructivos. Oficina Nordeste Curuguaty, Paraguay, 2021, Mínimo Común Arquitectura. Foto © Daniel Ojeda Pensar en el sistema, no en el material... Nuestra búsqueda por repensar la arquitectura no se limita a qué materiales usamos, sino a cómo funcionan en conjunto. Creemos que la clave está en diseñar estrategias constructivas eficientes, sin depender de tecnologías costosas. Un ejemplo de esto fue el sistema de enfriamiento pasivo que implementamos en el mismo proyecto. Diseñamos un mecanismo para recolectar el agua de lluvia del techo y conducirla a una piscina central. Desde allí, con una bomba, el agua se elevaba nuevamente hasta la parte superior del techo, y a medida que cae, enfría las chapas, reduce la temperatura interior disminuyendo la necesidad de aire acondicionado y generando una sensación de confort al contemplar el agua que cae en la piscina central. Oficina Nordeste Curuguaty, Paraguay, 2021, Mínimo Común Arquitectura. Foto © Daniel Ojeda Este tipo de soluciones demuestran que no es necesario recurrir a materiales costosos ni a sistemas complejos para mejorar el confort térmico. Basta con entender el entorno, aprovechar sus características y utilizar los recursos de manera eficiente. Aprender en el camino... En el estudio vemos la arquitectura como un proceso de aprendizaje continuo. Sabemos que no existe una única manera de hacer las cosas y que cada proyecto nos da la oportunidad de cuestionar y mejorar lo que ya sabemos. Vivienda Luce y Pablo, Mariano Roque Alonso, Paraguay, 2021, Mínimo Común Arquitectura. Foto © Federico Cairoli Después de trabajar con los ladrillos de tierra, empezamos a pensar cómo podíamos desde el entendimiento de la construcción con tierra tradicional, acelerar los procesos constructivos, porque si bien la construcción con los ladrillos era un poco más rápida que la tradicional, todavía seguía suponiendo mucho tiempo de ejecución, lo que se traduce en mayor coste. Lo que hicimos fue pensar en otra técnica, para ello volvimos la tierra muy líquida y la vertimos dentro de encofrados y así logramos acelerar el proceso de construcción. Vivienda Luce y Pablo, Mariano Roque Alonso, Paraguay, 2021, Mínimo Común Arquitectura. Foto © Federico Cairoli El desafío más grande que enfrentamos es acercar la arquitectura a más personas, derribando la idea de que solo unos pocos pueden acceder a ella. Creemos que el camino está en transformar las técnicas constructivas y explorar nuevas maneras de construir con los recursos que tenemos a nuestro alcance. Porque al final, construir no es solo levantar muros, sino repensar la manera en que habitamos el mundo. Imagen principal: Oficina Nordeste Curuguaty, Paraguay, 2021, Mínimo Común Arquitectura. Foto © Daniel Ojeda