Recuperar el control tiene sentido Hacia una orientación fisiológica de los espacios 05-04-19 Diseño y salud Arquitectura Twitter Facebook LinkedIn Pinterest Email Gracias a la medicina de precisión, la nutrición personalizada y el Internet de las Cosas (IoT), los sensores son una parte cada vez más presente en nuestras vidas. Desde rastreadores de actividad física y GPS en nuestros teléfonos, hasta los micrófonos y cámaras en nuestras televisiones inteligentes, pasando por asistentes virtuales como Alexa de Amazon y Facebook Portal, cada vez más dispositivos y tecnología digital están invadiendo nuestra vida privada. Inodoros inteligentes, cepillos de dientes conectados, espejos interactivos y otros objetos conectados digitalmente están creando espacios de precisión para nuestras identidades cuantificadas fisiológica y bioquímicamente. Pero, ¿son realmente más inteligentes las casas y oficinas inteligentes? ¿Estamos perdiendo privacidad, integridad e incluso humanidad en el proceso? ¿Es posible alcanzar la precisión sin los efectos secundarios perjudiciales? De la vigilancia en prisiones a los hogares inteligentes Toda esta tecnología digital y de sensores parece nueva, pero en realidad fue prevista hace casi 250 años por un arquitecto británico llamado Jeremy Bentham. Su visión era el Panóptico, una cárcel en la que los prisioneros siempre podían ser observados por un guardia, gracias a un elaborado sistema de ventanas, espejos y la disposición de la prisión. Lejos de parecerse a un episodio distópico de Black Mirror, Bentham imaginó el potencial del sistema para tener un impacto positivo profundo en la sociedad. Debido a que los prisioneros sabían que siempre podrían estar siendo observados, se comportarían de la mejor manera constantemente y, al salir de su condena, habrían aprendido a ser mejores seres humanos. En la mente de Bentham, lo mismo sucedería con los trabajadores en fábricas y los estudiantes en escuelas, sin mencionar a las personas en espacios públicos y hogares privados, mejorándose continuamente bajo esta vigilancia constante. El beneficio de la vigilancia continua sería, en última instancia, un mundo más ético, exitoso y próspero. Como proclamó Bentham: "Las costumbres reformadas—la salud preservada—la industria fortalecida—la instrucción difundida—las cargas públicas aligeradas—la economía establecida en una roca... todo por una simple idea arquitectónica". Vista de un panóptico, dentro de uno de los edificios de la prisión en el Presidio Modelo, Isla de la Juventud, Cuba Hoy en día, el sueño de Bentham ha adquirido un tono claramente orwelliano, mientras se despliega a mayor escala gracias a las cámaras electrónicas y la inteligencia artificial (IA). En las aulas, cámaras impulsadas por IA monitorean la atención de los niños; en las tiendas, identifican a los ladrones y a los clientes de alto valor; y en los hogares, alertan a los propietarios de robos o llaman a cuidadores cuando las personas mayores necesitan ayuda. Esta poderosa y omnipresente tecnología digital indudablemente va a moldear nuestro futuro, pero si será para mejor o peor aún está por verse. Tecnología inteligente que fomenta comunidad ¿Cómo podemos aprovechar los beneficios de la tecnología inteligente sin convertirnos en prisioneros en nuestros propios hogares? Para lograrlo, diseñadores, arquitectos y científicos informáticos deben reunirse en una conversación interdisciplinaria y explorar nuevos territorios en la relación entre personas, espacios y máquinas. Es un desafío abrumador, pero estamos experimentando nuevas formas de hacerlo en nuestra práctica, al igual que muchos otros. Aquí algunos ejemplos. En Nueva York, el espacio de coworking, coliving y comunidad The Assemblage combina geometría, color, mobiliario, diseño espacial y sonoro para integrar el bienestar físico, emocional e incluso espiritual en nuestro entorno construido. Al mismo tiempo, abraza la tecnología y se esfuerza por “ser las fuerzas impulsoras de la innovación tecnológica, un cambio de paradigma social y un mundo justo para las generaciones venideras." La Assemblage en Nueva York. Foto © Mikiko Kikuyama En Casa Jasmina, un espacio experimental que combina un laboratorio tecnológico, una galería de arte y un bed & breakfast en la ciudad italiana de Turín, tanto individuos como empresas acuden a vivir y trabajar juntos para crear proyectos que exploren la intersección del IdC con la ética, o la confluencia entre el código abierto y la confianza. En Copenhague, el diseñador Bjorn Karmann ha desarrollado Alias, un “parásito” que se aloja en los altavoces de los hogares domóticos para proteger la privacidad. Si vas a esta ciudad, vale la pena visitar Space 10, el “laboratorio secreto de innovación” de IKEA. En Suecia los dos dispositivos NEAT-Lamp y Talking Tree, creados por Fatemeh Moradi y Mikael Wiberg de la Universidad de Umeå, exploran la movilidad física y las conexiones sociales en los puestos de trabajo. En San Francisco, el certamen Maker Faire del 17 al 19 de mayo y el encuentro Embedded Vision Summit del 20 de mayo acogen las últimas innovaciones en materia de sensores de espacio por parte de home hackers y expertos en IA, respectivamente. En Pier 9 de Autodesk se puede ver cómo la empresa de software y de construcción y gestión de la información más grande del mundo está creando diseños autogenerativos biomórficos. Finalmente, The Interval es un museo-café-biblioteca-bar que recoge una asombrosa cantidad de conocimiento por parte de los filósofos y pensadores más destacados de todos los tiempos. El futuro de los espacios de precisión De la misma manera que el movimiento de la Bauhaus y el brutalismo surgieron para adoptar y seguir los avances tecnológicos de su tiempo, ahora sería buen momento para abrir una escuela de diseño de espacios de precisión. Dentro de unos años, los actuales asistentes de voz virtuales habrán evolucionado hacia máquinas más autónomas y móviles, que no solo se encargarán de poner música o controlar las luces por nosotros, sino que también ordenarán los muebles y distribuirán las particiones de las casas. Controlarán nuestros hábitos alimenticios y nuestras finanzas, y tomarán decisiones por nosotros. En este punto, no podremos permitirnos seguir con los problemas de privacidad y seguridad a los cuales nos enfrentamos hoy. En vez de tener máquinas que nos vigilan, necesitamos diseñar espacios y sistemas donde nosotros sepamos en todo momento qué están haciendo, pensando y comunicando nuestros dispositivos. En esta escuela de diseño futura, el objetivo es crear un panóptico en el que seamos nosotros los que vigilemos a las máquinas. Cecilia MoSze Tham es co-autora de este artículo. Junto con Mark Bünger, escribe sobre el futuro de la tecnología, el diseño y la humanidad. Imagen principal: Foto de Matthew Henry para Unsplash