Una cuestión de memoria

Cómo comprender y mostrar lo que nos incomoda

Este artículo pertenece al archivo de Roca Gallery. Se publicó por primera vez en julio de 2024.

La arquitectura refleja y responde a la existencia humana. Las edificaciones y los paisajes que nos rodean son protagonistas de nuestra memoria individual y colectiva. Nos ayudan a identificarnos con el tiempo y el espacio y nos permiten recordar momentos decisivos de nuestro pasado. El proceso por el que el tejido urbano configura nuestra identidad colectiva está en continua evolución. Pasado, presente y futuro se entrelazan y nos permiten entender nuestro papel y nuestra presencia en el tiempo. Es importante conservar y asimilar incluso los vestigios físicos más incómodos del pasado para promover una sociedad en evolución, cohesionada y bien informada. Sin embargo, nuestra forma de responder a los entornos cargados de un contenido difícil es una cuestión delicada y compleja que requiere de un análisis preciso y crítico del lugar, su historia y la memoria allí acumulada a lo largo del tiempo.

Los restos de Anhalter Bahnhof, antigua estación de tren de Berlín, encierran una gran carga emocional y constituyen un fragmento esencial de la memoria colectiva europea. Es un monumento a una capital llena de esperanza y modernidad en el corazón del Berlín creativo de los años veinte. Pero, al mismo tiempo, es testigo de la devastación que siguió al ascenso del nazismo, al ser el escenario desde el que innumerables vidas se vieron forzadas al exilio durante el régimen totalitario. Se han conservado pocos edificios anteriores a 1945 en los alrededores de Anhalter Bahnhof, por lo que estos restos se erigen como un elemento aislado, fuera de escala y sin propósito. A pesar de los escasos vestigios arquitectónicos, la carga emocional que encierra este lugar hace que resulte especialmente doloroso construir en él.

 

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Museo del Exilio de Berlín, Dorte Mandrup, MIR (render). Imagen cortesía Dorte Mandrup

Al proyectar el nuevo Museo del Exilio, quisimos respetar e integrar estos restos arquitectónicos en lugar de sustituirlos, reconstruirlos o generar una continuidad histórica. Así, hemos preservado su carga histórica, utilizando el diseño del nuevo edificio para darle protagonismo a los restos y crear un vacío que represente todo aquello que se perdió y permita un diálogo entre el pasado y el presente. En el interior, el espacio se ha articulado mediante bóvedas distorsionadas, faltas de equilibrio y simetría, con enormes vanos continuos que reflejan de forma abstracta todos los lugares de tránsito. El acceso al edificio, ligeramente inclinado, nos ha permitido generar un movimiento similar al que se producía al atravesar el pórtico en la antigua estación, permitiendo a los visitantes del museo recorrer el mismo camino que aquellos que partieron hacia lo desconocido entre 1933 y 1945, sin ningún atisbo de esperanza.

Parte de la sensibilidad hacia la tragedia y el reto que representa el exilio consiste en hacerlo tangible. Millones de personas se ven obligadas a exiliarse cada año y cada una de ellas representa una historia de vida. Las historias que se contarán en el Museo del Exilio se hacen eco de estos relatos de pérdida personal e infortunio, historias de pérdida de cultura, identidad y conocimiento. Quienes sufren el exilio viven en una permanente impermanencia, suspendidos en el aire sin un rumbo claro. El exilio obliga a transitar entre identidades, lenguas y culturas, en un estado de vulnerabilidad y fragilidad. Sin embargo, también encontramos historias de esperanza, nuevos conocimientos, intercambio cultural y diversidad. Subrayar la importancia de los restos de Anhalter Bahnhof y permitir que la historia sea visible implica la creación de un lugar para el recuerdo y un medio para la concienciación y la empatía, un lugar donde podamos comprender la tragedia del exilio en un tiempo en el que vuelve a cobrar protagonismo.

 

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Museo del Exilio de Berlín, sección interior, Dorte Mandrup. Imagen cortesía Dorte Mandrup

A menudo, los lugares históricamente saturados o que generan una cierta incomodidad permiten agregar una dimensión emocional. La arquitectura sigue siendo una forma de arte mudo en el que la presencia de injusticias pasadas no tiene por qué condenar un edificio para siempre. Debemos hallar un modo de exponer ese elemento emocional e infundir un nuevo significado que nos permita reconciliarnos con él y avanzar sin intentar borrar el pasado. En 2021, recibimos el encargo de replantear el complejo de edificios que constituyen Saalecker Werkstätten en Alemania, transformándolo en un lugar para el intercambio y la experimentación internacional del diseño. Este recinto está inevitablemente vinculado a un pasado oscuro, el del arquitecto Paul Schultze-Naumburg, que llegaría a ser conocido como uno de los principales impulsores de la política cultural nazi. A mediados de los años 20, estos espacios, por lo demás relativamente neutrales, se convirtieron en una tribuna para el sentimiento nacionalsocialista y, en última instancia, en un laboratorio de reflexión para la ideología totalitaria y racista.

Saalecker Werkstätten es un monumento que genera incomodidad y no podemos menoscabar o ignorar su historia. Sin embargo, al mismo tiempo, no podemos dejarnos avasallar por ella, impidiendo que las generaciones futuras lo llenen de nuevos contenidos y valores. Cuando analizamos la documentación disponible, comprendimos que, aunque Saalecker Werkstätten está cargado de una historia difícil, no es un lugar estático. Desde su construcción en 1904, los edificios que conforman el complejo han sufrido diversas transformaciones.   

 

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Design Akademie Saaleck dieDAS, Dorte Mandrup. Imagen cortesía Dorte Mandrup

La arquitectura del edificio más antiguo muestra los mismos ideales estéticos presentes en otros lugares de la Europa de la época, sin guardar necesariamente relación con los perturbadores ideales que lo habitarían más tarde. Se realizó una cuidada intervención contra el inquietante pasado mediante la exposición, el abandono y la adición de nuevas capas arquitectónicas. Con esta transformación pretendimos comprender aquel tiempo en profundidad, buscando el equilibrio entre los dos legados del lugar a fin de que los edificios pudieran entenderse desde diversas perspectivas. Utilizamos el color y la materialidad como herramientas didácticas para crear una inteligibilidad tangible a través de una disposición de capas en lugar de una superficie uniforme. En determinados lugares se realizó una restauración en línea con la arquitectura del recinto; en otros, se dejaron intactas. Añadimos una tercera capa que representa los ideales de diseño no totalitarios presentes en toda Europa cuando se construyeron las Saalecker Werkstätten, transmitiendo así la impresión de lo que pudo haber sido. Las capas se muestran, superponen e integran en un complejo tejido que permite que pasado y presente coexistan y que las generaciones futuras influyan en su desarrollo.

 

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Design Akademie Saaleck dieDAS, Dorte Mandrup, Capas escalera (izquierda) Capas comedor (derecha). Imágenes cortesía Dorte Mandrup

Cuando trabajamos con edificios y lugares con una gran carga histórica y emocional, debemos realizar un análisis minucioso y tomar decisiones de diseño delicadas y estratégicas que nos permitan hallar un equilibrio entre la historia que cuentan y el nuevo significado que añadimos. Nunca debemos intentar ignorar o borrar lo que ocurrió, ya que no podemos cambiar el pasado. Sin embargo, sí podemos encontrar formas de enfrentarnos directamente a la historia para comprender nuestro pasado y nuestro presente de forma más equilibrada, permitiendo que estos incómodos monumentos se conviertan en lugares de recuerdo, reflexión, reconciliación y educación.

Imagen principal: Museo del Exilio de Berlín, alzado norte, Dorte Mandrup. Imagen cortesía Dorte Mandrup

Arquitecta y Directora Creativa Dorte Mandrup habla sobre el diseño del Museo del Exilio en Anhalter Bahnhof, Berlín.

Copyright Louisiana Channel, Museo de Arte Moderno de Louisiana.